Viajera sin mapa

Ayer llegaba con el reciente recuerdo de una mala experiencia respecto a la cultura norteamericana. Pues bien, hoy más bien lo contrario.

Hay un motivo principal por el que estoy aquí, y es que considero que el sistema universitario norteamericano funciona de una manera increíblemente bien, al menos en mi ámbito y en cuánto al método que a mi más me funciona.

Y no lo digo a la ligera, dejadme que me explique poniendo como ejemplo una clase de la que acabo de volver.

Normalmente, tal y como concebimos las clases nosotros, un profesor llegaría (más o menos puntual) al aula y explicaría un tema de la manera mejor posible (poniéndonos en el mejor de los casos). Los alumnos escucharían, aceptarían la explicación probablemente como válida, y al final de la clase es probable que alguno se aventurase a hacer alguna pregunta, a pedir una explicación más extensa de alguno de los aspectos, y el profesor accedería de buenas maneras finalizando así una clase más o menos decente.

Las cosas aquí varían considerablemente. El profesor aparece en la clase, antes de lo esperado (en este caso, la clase era a las 16.10, y a las 16.00 aproximadamente el profesor estaba allí). Para mi sorpresa, todos los alumnos estaban ya dentro de la clase (algo también poco frecuente en el mundo del que provengo) y con el material encima de la mesa, muchos de ellos haciendo algunos borradores con aspectos sobre la lectura que nos habían asignado para esa sesión. La lectura constaba de un libro (completo) que había que tener leído para esa clase. El profesor anima a los alumnos a que hagan algún comentario sobre la lectura. La reacción que espero es un silencio incómodo y unas cuantas mejillas sonrojadas, miradas hacia el suelo evitando que el profesor pregunte directamente. Pero no. El primer alumno interviene inmediatamente, y otro, habiendo acabado el primero, completa con lo que cree conveniente. El profesor dirige la conversación haciendo que los alumnos reflexionen de una manera crítica y no asuman el texto que han tenido que leer como válido de buenas a primeras. Permitidme que sea más concreta.

Hablábamos sobre una metáfora que aparece en el libro. El autor describe un aula de escuela. En el que hay un alumno que sabe bailes tradicionales, caligrafía, sabe distinguir entre ocho tipo de orquídeas diferentes, y lenguaje clásico, lleva coleta manchú y sabe la mitología de los dragones. El resto de los alumnos, sin embargo, saben álgebra, conocimientos técnicos, y son muy buenos en deporte, especialmente en fútbol. Todos se ríen de él, y el alumno va atrasado en comparación a sus compañeros.

La metáfora, a primera vista, se lee así: la clase es la modernidad. El alumno que sabe de tradiciones, con coleta manchú es China. El resto de alumnos son el resto de países occidentales y modernos. Entendiendo así la metáfora vemos que el autor considera que China está anclada en las tradiciones, porque da predilección al conocimiento teórico de las artes, y la estética, mientras que para funcionar bien hay que saber de álgebra, conocimientos técnicos… etc, ese es el camino hacia la modernidad.

Sin embargo, la profesora nos hace descubrir en esta metáfora una ironía. Tendemos a imaginarnos al chino tradicional con coleta, pero lo cierto es que la coleta fue algo impuesto por una dinastía extranjera, con lo cual asociar a China con esto es un error que suelen cometer los occidentales. Por otra parte, mientras asociamos el fútbol con occidente, si vamos a la página web oficial de la Fifa podremos descubrir que el fútbol, de hecho, nació en China. Por otra parte, eran bastante avanzados en álgebra…. así descubrimos, que lo que aparentemente nos dice el autor, es más bien lo contrario…

Así transcurren dos horas de clase, que, desde mi punto de vista se esfuman. Intervenciones por alumnos que, sorprendentemente, se expresan de una manera muy adecuada, con un lenguaje académico que me deja boquiabierta (algunos son verdaderos pimpollos), estableciendo un orden. En ningún momento la clase se ve alterada. Hay opiniones discordantes que son escuchadas con un respeto asombroso. Y, sobretodo, no existe ningún pudor ni temor por parte de los alumnos. Y eso que no os he advertido de que la clase la presidía una de las personas más importantes de la universidad.

El alumno no sólo aprende de esta forma conocimientos teóricos. Si no que, además, aprende a expresarse de manera correcta y a presentar sus opiniones de manera oral públicamente. Aprende a escuchar y a respetar opiniones que pueden resultar contrapuestas (ahora entiendo por qué el alumno del otro día expresó sin ningún pudor su tendencia republicana).

Entonces uno entiende por qué cuesta lo que cuesta. Las clases realmente aportan algo que un alumno no puede adquirir en su casa leyendo el material. Por eso aquí nadie se plantea ni siquiera la idea de saltarse una clase, porque todo el mundo sale con la sensación de haber sacado algo que de otra manera sería imposible.

 

Mientras recogíamos, la profesora nos preguntaba si habíamos disfrutado de la lectura (un libro que se titula algo así como “viajero sin mapa”). Y nos decía algo así como, cuándo salgáis de aquí tenéis que viajar. Es cómo mejor se aprende. “El mundo -dijo Lydia Liu- es un lugar tan apasionante” …

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s