Verano, Otoño, Invierno, Primavera…

Escribo desde la universidad

Y Además me veo incapacitada para escribir una entrada del todo intelectual debido a la saturación mental en la que me encuentro. No sólo por mi inflamación de anginas sino también por la carga de trabajo academémico a la que estoy sometida en estos momentos, así que disculpen los que esperan una actualización constante de mis andanzas.

He de admitir que ayer fue el primer día desde que estoy aquí que llegué a cuestionarme si mi elección había sido la correcta. Tenía mucho trabajo (hoy examen, lecturas de un montón de estudios, …) y alguien me comentaba la fama de esta universidad por la presión que ejerce sobre los alumnos de posgrado. Además, estaba buscando billetes para viajar a Los Angeles durante Acción de Gracias (el 22 de Noviembre) y los precios me parecieron tan descabellados ( 650 dólares, unos 500 Euros) que creo que no me lo voy a poder permitir.

Para rematar, hubo tormenta con lluvias torrenciales, y un viento arrollador y todo eso culminó en una inflamación de anginas increíble que me tiene inabilitada oralmente. Así que mi humor no está para dar saltos.

Una de las cosas que creo que más voy a disfrutar de esta ciudad (sí, me he percatado del repentino cambio de actitud) es que voy a ver realmente las cuatro estaciones bien definidas, caracterizadas y retratadas. He visto ya el verano soleado, verde y incluso sofocante y bochornoso. Con sus tormentas veraniegas casi tropicales, adornadas con algún que otro tornado. El excesivo aire acondicionado. La claridad y el reflejo del sol en los rascacielos.  Pero ya llegó el otoño. El primer día de otoño fue claro y soleado, pero las temperaturas descendieron claramente. Ya ha llovido unos cuantos días desde entonces, y el viento empieza a desnudar los árboles de una manera un tanto salvaje. Ayer, cuando abrí el portal de mi edificio, habían entrado incluso ramas.

Ya no hay vuelta atrás. El verano acabó y ahora me toca disfrutar del Otoño antes de que llegue el temido Invierno. Sin embargo hoy aproveché para despedir el verano formalmente con algo que hacía semanas que quería probar.

Delicioso Coco Helado, se llama.

 

Bien, las calles que rodean el campus universitario se caracterizan por tener camiones y coches que venden distintos tipos de comidas. Estos cambian constantemente, es decir nunca sabes qué camiones van a estar qué día. Algún día escribiré más sobre ellos.

El caso es que lo que si siempre hay, son una especie de carritos pequeños con señoras mayores que venden algo que no se ve desde fuera. Estos carritos tienen una sombrilla y anuncian algo llamado “Delicioso Coco Helado” tal cual, en español.

No son nada más y nada menos que helados (tipo sorbete ) de frutas tropicales. Cuestan tan sólo 1 $ y te los sirven en un vasito de papel del que tienes que ir chupando porque no te dan cucharilla. El caso es que, aparentemente antehigiénico, veía a gente, sobretodo, niños, comprando esta golosina compulsivamente.

Cuenta la historia que esta empresa la montó un latinoamericano emigrado aquí. Dice que añoraba tanto los mangos frescos, los cocos recién partidos por la mitad que consumían para merendar en su país  [ inciso: doy fe de ello. Recuerdo -aunque sólo tenía 6 años- la gente que vendía fruta fresca por la carretera en venezuela. Mangos, titianos, todos con un sabor inigualable] Y se le ocurrió traerse aquí ese “recuerdo”. La empresa funcionó. Y, a pesar de tener éxito, sigue manteniendo su empresa a pequeña escala. A esa escala que recuerda a las ciudades latinoamericanas. Probablemente podría tener establecimientos, acondicionados, ya que, como os digo, el producto tiene muchísimo éxito. Pero parte del encanto son esos pequeños carritos con sombrilla extendidos por la ciudad. Esos vasitos cutres de papel. Esas señoras mayores que te atienden en español y te llaman amor, linda. Tengo la sensación de que todo eso contribuye a su sabor. A salir en un segundo de Nueva York.

Y hoy tenía clase de psicología. En esa de que hablamos de emigración. Y pensé en mi abuelo. Y en los carritos del Tio Rico. Qué morriña.

La verdad no decepcionó. A pesar de ser un sorbete no era aguado, sino que era cremoso, pero sin llegar a ser de leche. No sabría como explicarlo. Una textura inmejorable. El sabor del coco natural. No excesivamente dulce. Refrescante. Es una lástima que el tiempo no acompañe, y vaya a tener que esperar al sofocón del próximo año.

Ahora me toca probar las cosas de calabaza…. ¡el otoño ya está aquí!

Un pensamiento en “Verano, Otoño, Invierno, Primavera…

  1. La sala d’ordinadors des d’on has escrit em sembla que dóna 1000 patades a les de la UAB…2 pantalles per ordinador!!! No ho tinc ni a la feina això T_T.

    A veure si quan venim a veure’t hi ha paradetes amb el coco aquest…no és que el gust del coco m’encanti, però aquest “gelat” deu estar boníssim!!!!

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