¿Calabaza sonriente o Calavera sonriente?

Nuestro cielo esta mañana, en el trayecto a casa

El huracán ha pasado, y ahora que parece que los medios de comunicación se empiezan a olvidar del tema es cuándo la gente más necesitaría la explosión mediática, pues aunque los grandes magnates hayan podido volver a sus mesas de trabajo en limusina, no hay que olvidar que muchas familias han sufrido graves consecuencias.

Por mi parte, aún me sorprendo ante ciertas escenas en las zonas que eran las más verdes. Nos hemos quedado repentinamente sin colores de otoño, y los árboles están en paños menores. El tráfico es terrible, hay verdaderos problemas para entrar en Manhattan. Nosotros hemos tenido problemas a lo largo del día con el autobús que nos lleva a clase.

Parafernalia comercial y edulcorada americana

Por otra parte, supongo que ya os lo veníais oliendo, Halloween, la fiesta americana por excelencia -entre otras-.

Pero, primero, feliz Noviembre. Mi mes favorito. La verdad, se está haciendo notar. Sandy ha despejado los cielos pero las temperaturas han bajado drásticamente. Las extremidades se quedan tiesas, sobretodo al notar el contraste abrumador con la calefacción exagerada en todo establecimiento. Un verdadero derroche.

Cuando uno piensa en Halloween en NYC inevitablemente se encuentre ante imágenes como una comparsa cargada de niños con vestidos de lo más sofisticados. Fiestas con cócteles coloridos y telas de arañas en casas de dos pisos. Maquillajes de estudio y bromas divertidas. Probablemente sea así en Manhattan, pero yo me lo he perdido.

Vivo en el Bronx, y es verdad que mi urbanización se caracteriza por apartamentos de lujo habitados por familias de clase alta, la mayoría judía. Pero bueno, no hay más que alejarse un par de calles para encontrarse con el (maravilloso) Bronx del que hemos escuchado hablar. Y no es una ironía.

Ayer, en mi edificio, celebraban una fiesta de “Halloween”. El único requisito era llevar algo cocinado, así que tuve que salir a comprar una bandeja de papel -hice un bizcocho de calabaza-.

El resultado de mis inventos gastronómicos (me saqué la receta de la manga!)

Así fue cómo tuve la oportunidad de ver la celebración de esta fiesta aquí, algo que me ha enriquecido de soberana manera. En otras palabras, esta zona no se caracteriza por la típica familia blanca, rubia, de ojos azules propietarios de un monovolumen, sino que está habitada por gente que ha emigrado antes o después. No todos están bajo una situación económica desfavorable -aunque sí la mayoría- pero en todos los casos es un complot de culturas bastante distantes a la americana.

Mi favorito de todos los que tuve la oportunidad de retratar

No por eso la fiesta se omite, sino que se adapta. Y se pueden ver curiosidades que responden a este fenómeno: tiendas que no ofrecen caramelos, disfraces menos afortunados, etc.

No estamos para tonterías. Por favor, no utilicen el inglés como referencia…

En mi propio edificio pude ver la celebración más puramente americana, ya que estaba organizada por personas que etiquetaremos como “pudientes”. La cena se basó en platos típicamente americanos “mac and cheese” (macarrones gratinados con queso, el plato favorito de los niños); sopa de pollo y pasta (tradición americana); meatloaf (pastel de carne); pollo frito, brownies, cupcakes (magdalenas), helado…. . Los niños estaban disfrazados de Star Wars, brujas-princesa, y portaban artilugios dotados de tecnología altamente avanzada. Un verdadero contraste.

Uno de mis retratos del día de ayer.

Halloween es una fiesta prefabricada. Puede ser una excusa perfecta para pasar un buen rato con amigos, pero cuando uno está constantemente atacado por esta tormenta consumista de color naranja llega a sentirse asqueado, y es que la palabra que mejor lo describe es el “exceso”. Todo a lo grande, mucho color, muchas calabazas, muchos chocolates. Casi empalaga antes de meter un caramelo en la boca.

De todos modos, me siento tan afortunada ya que, una vez más, desde Nueva York tienes el mundo al alcance de la mano. Así que esta vez aproveché para substituir nuestro Día de todos los Santos, que al fin y al cabo es una tradición muy castiza que huele a castañas y a buñuelos; por la fiesta de los muertos.

El escaparate de una tienda de vino cercana al campus

Todo el mundo ha visto la celebración latinoamericana (especialmente en México) de esta fiesta. Muertos, sepulturas, cementerio, son palabras que en nuestro imaginario teñimos de gris, tienen un sabor amargo, y un sonido nostálgico y triste. Sin embargo, en México, (que por cierto, tiene sus orígenes en una fiesta indígena, no cristiana) este día se aprovecha para recordar a los muertos con una sonrisa, y para honrarles de alguna manera, y qué mejor manera que cargados de color (flores naranjas, rosas), humor (calaveras originales), música…

Mi pan de muertos. 1 dólar.

En mi barrio abundan las tiendas mexicanas así que aproveché para comprar un producto típico de esta fecha, el “pan de muertos”. Es un pan que en México se come durante esta semana. Es un tipo brioche, como nuestro pan de leche. Menos dulce. Le llaman pan de muertos porque las formas sobre el pan recuerdan, o pretenden hacerlo, a los huesos. Suelen colocar este pan también en los altares, y ¿sabéis qué? en los altares infantiles ponen “pan de muertos” con azúcar rosa por encima.

La versión infantil (que no compré)

Y, de pronto, me acaba de venir una idea inspiradora. La próxima vez que me disfrace, me voy a disfrazar de Frida Kahlo. Por Halloween, quizá, cuando esté lejos de aquí y quiera ir a contracorriente, como hago siempre.

 

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