y el séptimo día… siguió estudiando

Uno piensa en el Domingo, el día del señor. Familias de clase media o aburguesados que se visten con sus mejores galas, y van con sus hijos a misa, la mayoría de las veces como mero requisito social. Después del sermón, el aperitivo. Aceitunas y tortilla con el Alvariño del día. Comida con la familia -quizá vienen los tíos- : churrasco, o un pollo al horno, pabellón venezolano, si eras afortunado, y los mayores hacían la vista gorda si comías con refresco. Mi abuela solía ponerse perlas los domingos, o esos pendientes tan pesados de hacer click. Era el día de la paga, así que podía comprar chucherías. Lenguas (unas tiras largas ácidas con azúcar y pica pica) eran mis favoritas. Siempre incluía una nube (la golosina favorita de mi madre) y un ladrillo (la favorita de mi padre).

El domingo es un día ampliamente odiado por el joven, estudiante. Es el día en el que uno choca con la realidad del fin de semana: el trabajo acumulado para el día siguiente que no se ha hecho durante las 36 horas previas. La realidad de la resaca, acompañada con las memorias más embarazosas de la noche anterior. El sonido del aspirador de tu madre que te despierta cuando necesitas unas cuantas horas más de sueño. Todo está cerrado y el cine no te lo puedes permitir. Nada sabe bien con las regurgitaciones de cerveza. Estás obligado a enfrentarte a esa comida familiar que parece que sólo tiene por objeto criticar los pocos logros que has alcanzado. O tu mal aspecto, lo poco apropiado de tu vestimenta. O cuando piensas sentar cabeza. No tienes ni novio así que no creo que te vayas a casar o tener hijos. Con lo graciosa y dicharachera que eras cuando eras pequeña. Eras la alegría de la casa. Ciertamente odiaba los domingos en Barcelona. Hasta la mayoría de cafeterías estaban cerradas.

Sin embargo, en Tui los domingos gozaban de bastante prestigio. Características de la población supongo. El domingo es un día de amplio movimiento. Es el día en el que los jóvenes que todavía no tienen edad para salir hasta altas horas de madrugada disfrutan en discotecas “light”. O corredera arriba, corredera abajo. Pipas en los bancos cotilleando sobre la notita que te envió fulanito, o lo injusta que es tu madre por hacerte volver a las ocho.

Mis domingos en Nueva York también son días especiales. Aprovecho para hacer compra, porque aquí no cierra nada, y pasarme el día con el Skype encendido esperando hablar con los abuelos, mis padres, o amigos. Para mandar emails, y mantener el contacto. Para enseñarnos cosas por la cámara, que parece que nada ha cambiado. Pero hoy no.

La mayor parte del tiempo me encanta tener estas conversaciones, pero en ocasiones ha resultado frustrante. No quiero ser crítica, pero la mayoría de las veces mis receptores me tratan como si estuviese de vacaciones. Esperan historias apasionantes, aventuras increíbles. A veces, son incapaces de disimular la decepción cuando la mayor aventura de la semana fue dormir tres horas menos para acabar un trabajo a tiempo. ¿Y cómo es Nueva York? ¿Ya está todo decorado? Pues no lo sé… no he estado por la zona comercial… ¿Y qué tal los bares? Pues… aún no he salido nunca de fiesta. ¿Qué tal los restaurantes? Pues el comedor de la universidad… comsí comsá. ¡Adri, ¿a qué viene esa cara? tendrías que estar eufórica!

Incluso yo me había olvidado de que esto se supone que es un trabajo. La Caixa nos ha dado una cantidad ingente de dinero y no debería sorprendernos que no iba a ser para divertirnos o invertir en musicales y actividades de ocio. Al final te das cuenta de que es un trabajo. Sí, tienes el apoyo económico pero tienes que dar algo a cambio. Aquí, en mi caso, se traduce en muchas horas de trabajo, estudio, momentos de estrés y nervios, ansiedad. Lo que cualquier trabajador y estudiante, no es nada excepcional de lo que me esté lamentando o buscando compasión. Sin embargo, también cabe destacar, que todos esos momentos más duros, son más llevaderos cuando tienes a alguien a quien abrazar, un amigo con quien quejarte, por mucho que no sirva de nada, o una familia con la cual discutir sobre si deberías o no hacer tal cosa.

Nueva York es inmenso. Está repleto de gente, de ruidos, de luces. Sin embargo, a veces es capaz de hacerte sentir completamente aislado.

 

Un pensamiento en “y el séptimo día… siguió estudiando

  1. Això de “no invertir en musicales” hauria de ser delicte^^. M’alegro que el teu diumenge hagi sigut productiu, perquè quan “perds” tot un dia fa tanta ràbia…

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