Un viernes muy muy negro (Black Friday)

Antes de empezar esta entrada me pregunto si a alguien le interesa todavía lo más mínimo este espacio de la estratosfera.

Hoy es el día de Acción de Gracias. El que más y el que menos sabe lo que es, y no tengo las agallas necesarias para levantar un diálogo o debate controvertido sobre los indios y el colonialismo. Todos hemos escuchado sobre acción de gracias, hemos visto los manteles de los grandes banquetes en películas, y el capítulo de rigor que dedican a esta fiesta las series de más audiencia. Así que creo que no tengo mucho que aportar al respecto.

De lo que no estoy tan segura es de que conozcáis cual es el verdadero evento relacionado con estas fiestas. Que es a la vez paradójico, superficial, consumista y un verdadero reflejo de la sociedad en la que vivimos. Bien, desde mi punto de vista, la interpretación contemporánea que podríamos hacer del día de acción de gracias es una oportunidad para celebrar y agradecer a una tierra que nos ha recibido con los brazos abiertos a los que somos de fuera, y a algunos mejor que otros, nos ayuda a subsistir. Los verdaderos propietarios de estas tierras son una minoría, y todos los demás hemos de estar agradecidos. Algunos han encontrado aquí el amor de su vida, otros la estrella en el paseo de la fama de Hollywood, unos nos beneficiamos de su sistema educativo, muchos han encontrado un refugio huyendo de la represión política de sus países, una buena tonelada trabaja y sobrevive, a veces malvive, pero vive, algo que por algún motivo no podía hacer en su país. Hoy en día no tiene mucho sentido interpretar la fiesta como un agradecimiento a la tierra física, la madre de los cultivos, ya que la mayoría de pavos que venden los supermercados han salido de una máquina, y las los espárragos que les acompañan vienen de China, con lo cual…

Sin embargo, si bien considero que el agradecimiento es un bonito y bien merecido motivo de celebración, cabe destacar que a lo que todo el mundo espera después del banquete es al “Black Friday”. Black Friday es el día después de Acción de Gracias. ¿Un día de reposo para digerir los excesos? No. ¿Un día para reflexionar sobre lo mucho que nos quejamos cuando deberíamos estar agradecidos? No. ¿Un día para limpiar la cocina y hacer toneladas de tuppers con los restos del naufragio? No. Es el día de las mayores rebajas y descuentos del año. Así  que es el día del consumo por excelencia.

Todos, americanos y no americanos que viven aquí (y lo escribo con conocimiento de causa, ya que inevitablemente estoy en contacto con la comunidad internacional) llevan semanas esperando con entusiasmo un día en el que los descuentos empiezan al 60%, en todas las tiendas, en todos los artículos.

Parte de la comparsa

Parte de la comparsa

Para los despistados que no se habían enterado, o que no le dan demasiada importancia, Macys, un centro comercial semejante a nuestro Corte Inglés español, organizó hoy (como cada año) una especie de comparsa por las calles de Nueva York. Comparsa que atraía a niños y mayores, inmensa, que causó una congestión en la ciudad más allá de lo que mi imaginación podía abarcar.

De hecho, ojo al dato. Las tiendas abren hoy a las 12.00 de la noche. Como lo escucháis. Son las nueve y media y mi compañera de piso se acaba de poner dos abrigos y calzado cómodo y se ha ido a hacer cola a alguno de los centros comerciales. Ridículo. Y disculpen el atrevimiento y la incorrección política. Patético.

¿Cómo damos las gracias? Consumiendo. Es verdad que Acción de gracias se caracteriza por un banquete excesivo, toneladas de comida y platos variados con productos de todo tipo. Ingenuos los que pensáis que es fruto de la filosofía  “aliméntate ahora que puedes, ya que muchos pasan hambre y tu debes de estar agradecido, además no sabes qué te depara el futuro” . Los excesos del banquete se han convertido en una necesidad calórica para enfrentarse a un día de compras excesivas e innecesarias, de colas interminables, de probadores abarrotados, de luchas por ese Versace que yo vi primero.

 

No vais a ser tan afortunados como para poder recoger un testimonio de este evento por mi parte, ya que yo me revelo y pienso dedicar el día a otros menesteres. Así que todos aquellos que tengáis cuentas en La Caixa, podéis estar seguros de que no voy a invertir ninguna de las contribuciones que hacéis a su fundación en tal acontecimiento. Por lo tanto, permitidme que os cuente cómo he celebrado yo esta fiesta.

Agradecida, en primer lugar, porque una compañera de clase, que vive en Long Island (pertenece al estado de Nueva York y se llega en una hora y media en tren, supongamos que es un Tui-Santiago de Compostela), me invitó a pasarlo con su familia.

Llegar a la estación de tren fue toda una aventura, por el desfile. Algo así como un desfile de carnaval. Empujones, calles cortadas, etcétera. Me recogieron mi amiga y su madre, vestida al más puro estilo ranchero (un pelo blanco largo en coleta, una camisa a cuadros y unos vaqueros) y me llevaron a su casa: un hermoso chalet en el medio de un bosque. Es increíble como a apenas unos kilómetros de inmensos rascacielos, acero inoxidable, humo, ruido, luces de neón … puedes encontrarte con un silencio absoluto, ardillas, troncos lamentándose todavía por el huracán, madera, aire con olor a verde y no a hamburguesa.

El protagonista: el pavo

En su casa me dieron la bienvenida en la cocina. Estaban con los últimos preparativos. Sin reparos me plantaron una copa de prosecco (versión italiana del champán) y la cordial invitación de que me sirviese quesos varios y castañas asadas como aperitivo. Pronto me encontré con una cuchara en la mano, removiendo las judías que se estaban salteando, mientras conversaba y conocía a una familia bastante peculiar. Es una familia judía, viven en Nueva York. Son una familia de músicos y profesores universitarios. Son cuatro hijos: tres hijas y un hijo que no estaba porque vive en Chicago. Las dos hijas mayores están casadas. Una está casada con un brasileño de religión espiritista, una religión que desconozco pero me consta que proviene de los pueblos afro-brasileños. La otra hija está casada con un italiano/belga católico. Por lo tanto, las tradiciones judías no se imponen a raja tabla. Además de las hijas y sus parejas, los padres, también estaban los familiares de los cónyuges y “acogidos” como yo. Nos acompañó un estudiante de doctorado de Singapur, por ejemplo.  Las hermanas son lingüistas, trabajan en universidades como profesoras, y se especializan en lenguas de signos, etc.

Después de un aperitivo cargado de conversación agradable, entre la cual cabe destacar a la dicharachera Francesca de 2 añitos, vino el banquete, que efectivamente, sólo se puede describir como excesivo. Un primer plato de crema de calabaza. Exquisita.

El segundo constaba del pavo de rigor, que separaron en tres bandejas: una con las extremidades, otra bandeja con las partes “blancas” y otra bandeja con las partes “oscuras”. Es la primera vez que escucho esta tradición de separar los tipos de carne de las aves, parece ser que aquí es lo habitual. Cómo acompañamiento teníamos el relleno, que resulta que aquí viene por separado. Le llaman relleno, pero en realidad es como un mejunje en otra fuente que tú incluyes en tu plato, el relleno podía ser el elaborado con las partes “internas” del animal, y también había la versión para aprehensivos, un relleno a base de champiñones, boniatos, etc. Además, tres versiones de purés: puré de patatas convencional, puré de boniato y puré de coliflor. Judías salteadas, y coles de bruselas. Calabaza al horno. Todo esto no puede sino ir bien rociado de su salsa de grosellas y el gravy (salsa para la carne). Dos ensaladas, a destacar la combinación de naranja, avellana y remolacha.

A continuación, un paseo familiar para disfrutar del atardecer en el bosque. Un paseo en el que me sentí parte de la familia, ya que me acogieron y me integraron de una manera que, al menos, no pareció artificial.

Paseo en familia

Al volver, nos sacamos las bufandas y disfrutamos del café, el zumo de manzana caliente, y tu elección del postre: apple pie o pumpkin pie. Había 5 tipos. Sólo os puedo decir que venía lamentándome en el tren de que no me hubiesen ofrecido un tupper.

Una vez más, a pesar de estar pasando un periodo bastante difícil, presionada por algunos resultados académicos no del todo satisfactorios para lo que requiere esta beca, y que se hace un poco menos llevadero por la ausencia de los seres queridos acompañado por una vida social inexistente, he de reconocer que he tenido un día fabuloso.

Fueron unas horas que sólo podría definir como un paréntesis. Un descanso. Un momento sin papeles, ni ordenador. Rodeada de familia, no la mía, pero familia -y cariño- al fin y al cabo.

Disculpad el sermón.

 

Y, nunca mejor dicho, Gracias.

3 pensamientos en “Un viernes muy muy negro (Black Friday)

  1. Quan has dit que eren jueus i peculiars, m’esperava que la teva amiga es digués Rachel^^. No coneixia això del Black Friday, només ho havia vist en el comentari d’un blog de potingues on deien “m’esperaré a les ofertes del Black Friday per fer la comanda” i jo m’havia pensat que era una marca o una gran superfície.

  2. Claro que nos sigue interesando. Éste post en concreto tenía muchas ganas de leerlo, para ver si lo que veiamos en las películas se parecía o no a la realidad.
    En cuanto a lo del black friday, lo había leido estos dias pasados, como se iba “adelantando” año tras año de forma que ahora los que trabajan en los comercios casi no pueden pasar un tiempo de descanso de esta comilona con sus familias. En fin.

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