Una estudiante modélica

Hoy he tenido mi última clase de psicología. Y un examen previo.

una chica (asiática) agotada en el aula de estudio

una chica (asiática) agotada en el aula de estudio

Hace nada os estaba narrando la primera clase. Sólo de pensarlo me entra un escalofrío. Qué rápido ha pasado el tiempo, es increíble.

Muchas personas me han preguntado qué utilidad tenía hacer una asignatura así, fuera de contexto, que no pertenece a mi especialidad. No sólo supondría una dificultad extra (porque carezco de los conocimientos de base que otros alumnos puedan tener) sino que poco me aportaría a la hora de enriquecer mi educación en mi ámbito.

Ahora, con perspectiva, no me arrepiento.

Creo que ha sido una de mis clases favoritas, sin lugar a duda. Por diferente, en primer lugar. Fue variada, documentales, videos, hemos tenido escritores hablándonos de sus obras, personas que han compartido testimonios.

Por el enfoque de la clase, he conocido aspectos muy interesantes de otras personas. He descubierto qué hay detrás de un psicólogo y qué busca cuando elabora una terapia. He aprendido mucho de mi familia, y he también descubierto el porqué de muchos de mis razonamientos.

Si uno observa, y se deja observar un rato, descubre que la mente humana es un verdadero objeto de estudio.

Lo cierto es que si bien he aprendido mucho de los “porqués”, no he aprendido mucho en cuanto a cómo ofrecer soluciones. Me pregunto si es porque eso se debería tratar en otra asignatura, o si realmente existen tales soluciones. Hemos acabado la clase con el suicidio. Y lo curioso es que hemos estado estudiando el impacto del suicidio en los supervivientes, las personas que sufren un suicidio en la familia.

Estos buscan respuestas, una causa, un porqué. Buscan culpables, algo que lo hubiera impedido. Un despiste, un error, un arrepentimiento. Parece ser que consiste en entender que no hay tales cosas. No hay explicación de un acontecimiento así, y tampoco sirve de nada buscarlo, porque es irreparable.

El tema más discutido fue el racismo.

Permitidme una falta de corrección política, pero lo que evoca mi mente al pensar en racismo es bandas latinoamericanas, negros humillados, insultos a chinos en las calles de madrid, o viejas que se cambian de calle porque viene un “moro” delante. Sin embargo, el racismo es mucho más amplio, y también mucho más sutil. Y cuánto más sutil, más peligroso.

Por poner un ejemplo, los descendientes de emigrántes asiáticos, que han nacido aquí (incluso sus padres), son una de las comunidades que en la universidad sufren de más problemas mentales relacionados con la ansiedad. La mayor parte de las veces, esta ansiedad tiene una intensa relación con un fenómeno llamado “el mito de la minoría modélica”.

Los asiáticos, en Estados Unidos, son considerados como “ese” grupo inmigrante que es bienvenido. Han tenido éxito, han forjado negocios limpios y han adquirido una calidad de vida inmejorable. Además, son gente tranquila, que no causa ningún tipo de conflicto. Tienen valores, como el respeto a los mayores, y además refuerzan la educación. Sus hijos son excelentes estudiantes, especialmente en el ámbito de las matemáticas y de la música.

A todas luces, todos estos comentarios son positivos, y de buenas a primeras parece que solo podrían contribuir a una buena integración de estos emigrantes en la sociedad de destino. Sin embargo, no es así, más bien tiene consecuencias perjudiciales, especialmente para los jóvenes. Obviamente, hay un grupo de asiáticos que han adquirido un estatus socioeconómico alto, y tienen negocios de éxito, pero este “mito” generaliza e ignora que hay muchos emigrantes que viven en la pobreza, y en situaciones difíciles. Además, hay culturas dentro de Asia que no valoran tanto la educación, o sí, pero por problemas económicos no es una de sus prioridades. En Estados Unidos, existen becas hacia “minorías” para universitarios, pero los asiáticos no pueden solicitarlas (porque se “supone” que no las necesitan). Este es uno de los principales problemas. Obviamente, así como hay campañas de “apoyo” para familias conflictivas de afroamericanos, y latinos, no las hay para asiáticos (aunque sí hay familias conflictivas).  Los estudiantes están expuestos a una serie de expectativas que, quizá, no pueden cumplir (no se le dan bien los números, o el piano no es su vocación) e internamente se sienten que han “fallado”.  Y lo peor de todo, al ser considerados la minoría “modélica”, otras comunidades o minorías los ven como el enemigo, porque se sienten comparados, y esto impide una unión por la lucha contra la discriminación.

En fin, después de esta redacción soporífera, voy a seguir preparando mi presentación oral para mañana.

Un pensamiento en “Una estudiante modélica

  1. En muchos países es de lo más normal tener una disciplina en la que te licencias y una o varias “minors” con las que coqueteas en la medida que te apetece. A mí me parece de lo más interesante eso, porque no somos caballos de rejoneo siempre mirando en la misma dirección, sino personas con múltiples intereses.

    Sobre el racismo y sus múltiples formas… De acuerdo, también. Y en cada país hay distintos grados de tolerancia y se tiene la piel más o menos finas a la hora de demostrar (o padecer) racismo. Por ejemplo, me parece que muchos chinos no tienen pelos en la lengua con el tema (黑人!老外!), y muchos españoles tres cuartos de lo mismo (“¡chino capuchino!”, le han dicho a mi marido). Yo tiendo a molestarme mucho con el tema, tanto con el racismo positivo como con el negativo.

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