Carta a los Reyes Magos

A la hora de hacer regalos o recibir regalos existen bastantes tendencias, y siempre salen a relucir en ocasiones como estas, fiestas navideñas, celebraciones, cumpleaños … (en mi familia todos los cumpleaños coinciden en la cuesta de enero, excusa ideal para invertir poco, o incluso “saltárselo”).

Algunos miembros de mi familia son excelentes haciendo regalos. En este grupo entra mi madre. Su norma: algo práctico. En resumidas cuentas, si mi madre está en tu familia, puedes estar seguro que ese regalo que obtendrás no es de guardar en un cajón y olvidarse, o utilizar de adorno, o reirse porque es casi una broma. Por lo contrario, es eso que siempre has necesitado pero, por una razón o por otra, no has tenido tiempo de comprarlo, o ahora mismo no te lo puedes permitir, o simplemente nunca te habías dado cuenta de lo mucho que necesitas tal cosa. Siempre son cosas cuya inversión ha merecido la pena. Siempre, siempre son beneficiosos. No será ella la que regale ese juguete ansiado, o la última consola, sino ese aparato que ni siquiera sabías que existe que te ayudará a mantener tus documentos en orden. Su punto fuerte, dentro de lo práctico, incluye el buen gusto.

Otro grupo de regaladores optan por el dinero. Son los grandes inversores. Un sobre, normalmente color carne, sin cerrar, con tu nombre o una frase “con cariño de tus abuelos”. Contiene una cantidad importante de dinero. “Cómprate algo, y nos lo enseñas” “Estamos mayores” “Es muy difícil acertar contigo”. La mayoría de personas de mi edad adoran este tipo de regalos. Para ellos, es la oportunidad de comprarse “eso” que verdaderamente quieren.

Otro gran grupo es el de “vamos a comprarte el regalo de navidad”. Ellos deciden más o menos lo que te quieren comprar, y tu eliges. Por ejemplo, voy a comprarte un abrigo, y vamos al corte inglés. Nos pasamos horas en compañía del regalador, y probamos y desprobamos, aturdimos a las dependientas, y al final entre ambos llegamos a un acuerdo y, muchas veces, incluso te vas con el regalo puesto.

 

He de decir que tengo más experiencia como receptora de obsequios que como regaladora, pero creo que no se me da del todo mal. A la hora de regalar, me baso principalmente en mis preferencias a la hora de recibir regalos. Y, es que, por muy absurdo que pueda parecer, mis regalos favoritos son aquellos que vienen en un papel de regalo de origen desconocido, que no puedes asociar a ninguna multinacional. Aquellos que no tienen forma cuadrada y están más bien arrugados. Que palpas y sientes que no tienes ni idea de qué será. Son regalos cuyo valor económico no es muy muy importante, pero tienen la capacidad de sorprenderte, algo imposible de pagar. Son divertidos, originales, te hacen reír, a veces no sirven para nada, o sabes que le vas a dar poca utilidad. Pero son bonitos. Sobre todo, mis regalos favoritos son aquellos que sé, con toda seguridad, que son para mi. Que no podrías entregar a nadie más, porque no tendría sentido. ¿Exigente? Sí, lo sé.

Jamás regalo nada que necesites, la mayoría de veces mis regalos suponen un “riesgo”. Pero son unipersonales. Son esa cosa que cuando vas a una tienda piensas… me encantaría tenerlo, pero no voy a gastar el poco dinero que tengo, porque realmente no lo necesito. Creo que esa es la verdadera utilidad de los regalos. Es decir. Me encanta que me regalen un paquete de bragas todo terreno. Desde luego, se necesitan, especialmente si vives en Estados Unidos y la secadora destroza toda tu ropa, la envejece en cuatro lavados. Pero, sinceramente, las iba a comprar igual. Me has ahorrado ese dinero, pero con ese dinero no me voy a comprar ningún capricho, sino algo que también necesite.

Los regalos, desde mi punto de vista, son para los caprichos. Ese detalle de papelería, esa agenda bonita, esas flores, esa chorrada, ese libro para leer en el WC,…

 

Con todo, muchas veces lo hago mal. Por ejemplo, creo que todos los regalos que he hecho a mi madre últimamente han sido devueltos o nunca utilizados. Y eso que uno pretendía ser útil: el ordenabolsos.

 

Bien, lo que quería decir, en todo caso, es que este año he recibido uno de los mejores regalos de mi vida. Uno, que no encaja en ninguna de las categorías, ya que tiene un importante valor económico, es exclusivo para mí, contiene un importante valor sentimental, pero a la vez ha sido “premeditado”.

Como todos sabéis, cuando me instalé en Nueva York decidí, junto a mi familia, que durante las vacaciones de Navidad fueran mis padres los que viniesen a Nueva York (mi padre siempre quiso ver el escenario de Sólo en Casa en vivo) y no yo a Galicia. Fue una decisión difícil ya que suponía no pasar las navidades en familia, y no aprovechar las largas vacaciones para ver a los seres queridos. Pero parecía lo correcto.

Mis padres vinieron durante sus vacaciones, y cuando ellos regresaran, yo todavía tendría unos cuantos días más de vacaciones. Mi tía decidió hacerme el regalo más grande de toda mi vida: un billete de avión para venir a casa.

Estaré en casa hasta el día 20, llevo unos días y ya me siento cargada de energía, veo el mundo de otra manera. Es un regalo “vivo” porque cada día que pasa lo valoro todavía más.

Ha sido algo que no he comentado con mucha gente, por una parte porque quería dar algunas sorpresas (algunas más afortunadas y otras bastante desafortunadas) y por otra parte, porque no quiero invertir mis días en visitas de “rigor”.

No me he traído ni libros, ni deberes. Estoy invirtiendo mis vacaciones en hacer “nada” , algo que no hago desde hace mucho tiempo. Levantarme a las diez, desayunar viendo los dibujos, ducharme y hacerme el spa, mascarilla en el pelo y crema hidratante. Pintarme los ojos y combinar mi ropa. Comer en casa de los abuelos. Hacer una sobremesa eterna y dormir la siesta. Acompañar a alguien a hacer recados, tomar café con amigos… leer el periódico, ver páginas absurdas en internet, ojear revistas.

Ayer, sin ir más lejos le eché morro y me planté en mi clase de teatro, pedí poder participar en la clase, y me recibieron con los brazos abiertos. Ahora me doy cuenta de lo mucho que echo de menos el teatro. Ponerse de pie en aquella alfombra gris, bajo unos focos, y jugar a ser cualquier persona, con gente que te conoce aunque nunca te hayas empeñado en hacerte conocer.

Y, aunque he de reconocer que a veces me ataca el sentimiento de culpabilidad por haber abandonado mis responsabilidades estudiantiles, puedo asegurar que así pienso invertir el resto de mis días aquí. Apreciando los pequeños detalles que tanto echo de menos en la gran manzana, viendo el tiempo pasar en compañía de personas que adoro, dejando que mis amigos me digan que me quieren.

eso

Una de las cosas que más extrañaba en Nueva York. Valor económico: un euro.

 

 

 

 

4 pensamientos en “Carta a los Reyes Magos

  1. jo….Adri, qué bonito……espero que ese “gran regalo” sean tus pilas para regresar..a “la rutina”, que, aunque no te lo parezca ahora, es una “graaaann rutina” porque el hecho de estar estudiando en NY, ya en sí es toda una aventura.
    Pena que no pueda estar en Galicia para darte un achuchón, que hace años que no te doy.

    Disfruta de ese “dolce far niente” y cuando regreses, espero que esa sensación de bienestar y gratitud, te dureeeeee muuuucho tiempo. Nosotros también te queremos, no lo olvides.

    Un besazo enorme, Ana&Kiko

  2. Ostres, quina sorpresa!!! Quan vaig veure aquesta foto al FB vaig pensar: mira, ja ha trobat un lloc on fan un cafè decent a NY. Però si dius això…potser fins i tot és un esmorzar o berenar a Portugal, ho dic sobretot pel preu!!! Molt bé, molt bé!!! Gaudeix molt dels teus i del clima (suposo que deu ser millor que a NY!). Dius que no t’has portat deures de la uni, però segur que has portat la tablet^^. Apa, que t’ho passis molt bé!!!

  3. Adriana!Así que estás aqui! Me alegra mucho leer como estás pasando estos días, no te sientas culpable, ni un poco! Te lo mereces más que de sobra. Tu tía tuvo una idea genial. Que rábia que Galicia esté en la otra punta, tan cerca y tan lejos!😄 pero bueno, en serio, me alegro mucho de saber que estás bien y pasando unos días en casa, me ha encantado la parte de “desayunar viendo los dibujos”…sí, por mayor que me haga es un vicio que creo que no dejaré en unos cuantos años más. (Creo que es porqué cuando iba al cole mis padres nunca me dejaban ver la tele antes de ir a clase…todos comentaban el capítulo de Doraemon de esa mañana y yo no podía meter cuchara XD), me encanta saber que tu también lo haces.

    Disfruta de tus vacaciones y cuídate! ^^ Hasta pronto!!!

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