Deja Vu

Primer dia del segundo semestre. Hasta ahora, el día más frío que he vivido en Nueva York.

Estos días son un poco como el principio. No sólo porque las clases vuelven a empezar, todas nuevas y apasionantes, sino porque también acabo de volver de casa, y estoy cargada de energía y de entusiasmo. Si bien hace unas semanas no estaba tan segura de que tanto esfuerzo mereciera la pena, ahora tengo la total certeza de que estoy ante una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Estas semanas con mi familia me han echo recuperar la pasión por el conocimiento, algo tan inabarcable que más me vale sacarle todo el partido que pueda a la oportunidad.

 

Las clases del cuatrimestre pasado giraban un poco en torno a cuestiones de racismo, identidad… y estas, de alguna manera, girarán en torno al género, la mujer, el feminismo, la sexualidad.

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He tenido una fantástica clase de Women and Buddhism in China. Una señora entrañable, que me recordó a aquellas fantásticas clases presididas por Ramón Prats en la UPF. Tan buenas memorias se deslizaron por la materia gris que no pude resistirme a mandarle un email.

 

Las clases de teoría literaria, apasionantes. Una vez más, clases en las que los protagonistas somos todos, en las que todos tienen  algo que decir, y no sólo son las paredes las que escuchan. En las aulas se refleja algo de la sociedad americana que estuvimos debatiendo en la barra del Pilar (Tui) estas vacaciones, y es que, entre todas las cosas malas que tiene este país, siempre hay un hueco para las ideas. Cualquier idea, pensamiento, ocurrencia tiene su espacio y merece ser escuchada. Así me siento cuando alzo la voz en las aulas.

 

No tengo que decir que en muchas ocasiones me he sentido inútil, especialmente a lo largo del último tramo de curso, cuándo me preguntaba si estaría a la altura. Sin embargo hoy he sabido cómo valorarme positivamente: ante varios rechazos, unas cuántas llamadas, doscientos correos electrónicos, he conseguido persuadir a la universidad para que hagan una limpieza de mi piso. Es una destreza que me ha inculcado mi madre, sacarse las castañas del fuego sabiendo pedir cuándo la ocasión lo requiere.

 

Hay diferencias. Ahora ya no me suenan ajenos los nombres de los edificios. No tengo que consultar el mapa o salir media hora antes porque no sé cuánto voy a tardar en llegar. Las caras por los pasillos ya son familiares, ya sé a qué hora y con quien comer y cenar. Sé cómo funciona la página web, cómo matricularme y desmatricularme, dónde encontrar un buen café en un descanso. Pero hay cosas que siguen siendo igual: son tan buenas todas las clases, todos los profesores, todas las historias que me sigue costando elegir. Tomar decisiones. No sé. Todavía no aprendí.

 

2 pensamientos en “Deja Vu

  1. Jajaja, m’alegro d’això de la neteja!!! Pot semblar una tonteria però, per poca vida que fagi a casa, si me la trobo feta una porqueria em poso de mala llet. No entenc com hi ha gent que pot viure enmig de la merda tan tranquilament. Bé, això depèn de la tol·lerància de cadascú, però el que m’indigna és la gent que produeix aquesta merda en espais comuns com si això no molestés als altres. I quan els ho dius et miren com si fossi un àlien que els està envaïnt la seva llibertat…quan de fet són ells els desconsiderats!!!!! ARGGGHHH!!!!! O sigui que molt bé, Adriana, lluita pels teus drets!!!!!

  2. Me encanta leerte hoy, como todas las entradas anteriores, pero esta es distinta por lo que transmite. Interesante el tema de este cuatrimestre, muy interesante.
    Besos

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