Mi pabellÓn blanco

Siguiendo las buenas costumbres de Columbia, el domingo nos hicieron hacer acto de presencia en clase. Allí nos dieron los libros (unos buenos pesados tomos) y nos asignaron a un estudiante local que ha de quedar con nosotros después de las 6 horas de clase diarias.

Nos hicieron unas cuantas advertencias extra, de entre las cuales he de destacar la de no pelearnos con nativos y no aceptar ninguna oferta de la gente que se nos acerque en el banco ofreciendo dinero, lo cual suena obvio.

De todas maneras la buena reputación que me he estado forjando ya empezó a craquelar ayer cuando llegué una hora tarde, siguiendo las recomendaciones de un compañero que me dijo que empezaba la cosa a las 9 en vez de a las 8.

Una de las alumnas, por cierto, ya tiene la enfermedad del aire acondicionado, así que era cierto.

El resto del día de ayer lo invertimos en hacer un poco de estudio de campo, como el estudio de los comedores universitarios que tenemos a nuestra disposición. Una árdua tarea intentar pedir algo, señalando, intentando descifrar ingredientes. Pero divertida.

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Ahora viene el punto en el que decepcionaré a todos aquellos que siempre admiran mi capacidad de “adaptación”. Callejeando un poco por los alrededores me topé con un Carrefour, y he de confesar que no pude evitar entrar y comprarme queso de importación. La vaca que ríe. Pensé que iba a poder resistir dos meses, pero… lo cual me recuerda que si bien el primer día sin café fue “divertido”, y el vaso de café soluble me sirvió para apaciguar mi furiosas papilas gustativas, ya no lo es. Creo que estoy bastante a punto de preguntarle a Mr Google donde se encuentra el Starbucks más cercano. O quizás acabo comprando café en el Mc D.

Chaparrones constantes, de esos que te ensucian la ropa nos acompañaron el resto del día, así que no me quedó otra que comprar uno de esos fantoches de paraguas que venden aquí. Plateados. En distintas combinaciones cada una más cursi que la otra.

El día acabó para mí y para Anna, mi compañera de habitación a las 2 y pico de la mañana, estudiando para el examen de hoy. Día en el que tuvimos que firmar un documento -oficial- de la universidad en el que prometíamos sólo hablar en chino, y en caso de ser escuchados en inglés o en otro idioma seremos “penalizados”. Es casi ridículo.

En previas ediciones habéis tenido el placer de leer mis descripciones de mis habitáculos en el Bronx y en Manhattan. Y creo que no os podéis perder la descripción de mi nueva mansión. He de decir que yo me esperaba una minúscula habitación compartida en una residencia, por lo tanto recibí una grata sorpresa al abrir la puerta y encontrarme con varios espacios comunes para las dos.

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Un salón, (con tres escritorios y una televisión, que todavía no hemos encendido por cierto), un baño, con algunas particularidades asiáticas.

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Aunque el retrete es de estilo occidental, la ducha no tiene plato, y cuando te duchas aprovechas y friegas el suelo, el WC, etc. Una idea estupenda. Especialmente si quieres ir al baño después de que se haya duchado alguien para cepillarte los dientes por ejemplo, y no tienes otra alternativa que pisotear el suelo mojado.

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Tenemos una lavadora, algo que tampoco me esperaba y un rincón para “tender la ropa”.

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Y lo mejor, la a habitación destinada a la “cocina” con una mininevera roñosa y … una kettle eléctrica que no funciona. No hay ni rastro de algo que se semeje a una cocina, ni hornillos en los que cocinar nada. Así que, al final es una habitación que está un tanto desperdiciada, sobretodo la “campana estractora” que no sé qué utilidad se le puede dar.

La habitación cuenta con 3 camas. Pero somos dos. Una interesante manera de ocupar espacio. No nos podemos quejar de la iluminación, aunque los problemas de limpieza, para adquirir agua caliente y el estado y condiciones deplorables del sofá y otros podría dar mucho que hablar.

Las imÁgenes valen mÁs que mil palabras. Me encantaría contar muchas de las otras anécdotas que me han estado pasando pero he estado en clase de 8 a 5 de la tarde. y 3 horas han sido de clases individuales. Intensas, pero en un día he ap

Un pensamiento en “Mi pabellÓn blanco

  1. Aquest tipus de bany me’l vaig trobar en un hostal de Beijing, ho vaig trobar molt pràctic, però perquè teníem una cortina que impedia mullar tot el terra, i a més hi havia un desaigüe a la zona de la dutxa i el pendent també hi ajudava.

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