Financial Times: La cuesta de septiembre

Hace tiempo que amenazo con dedicar una sección del blog al aspecto económico y financiero, algo que todos sabéis que despierta mi interés de un modo extraordinario y que envidio terriblemente a todos esos expertos en el lenguaje matemático que caracteriza el estilo financiero. Más allá de la ironía, el motivo de que hoy comience esta anunciada sección se debe a mi actual situación económica por debajo de los umbrales de los estipendios de la Caixa.

Diferentes etapas de la vida tienen diferentes periodos que se caracterizan por la precariedad económica, una de las más conocidas es la famosa “cuesta de enero” durante el periodo adulto (entiéndase por adulto en este contexto todo aquel que no está aún arraigado a las paredes de un campus y tiene una familia propia). Obviamente la cuesta de enero refleja gastos y excesos en los que todos nos desmadramos un poco en las fiestas navideñas, seamos o no partidarios de tal evento religioso-festivo.

Bien, todos recordaréis la esperada paga de los domingos durante la infancia, qué se hacía particularmente escasa durante el verano en los que no había cole y los helados costaban más que las chuches.

Pues bien, si hay un periodo especialmente duro para los estudiantes -al menos, aquellos tan entusiastas como yo- es la “vuelta al cole” o el comienzo del curso en Septiembre. Zapatos nuevos, un atuendo apropiado para la concentración, y en el caso de los universitarios que viven fuera del enjambre familiar, los útiles necesarios para una vivienda digna. Suponiendo que ya tenemos una cacerola, hace falta incluir los productos de limpieza, alguna que otra percha, y , por si acaso nos pilla desprevenidos el nieto de Sandy, víveres en forma no perecedera: para algunos esto son noodles (fideos) instantáneos y en mi caso latas de conserva, que para algo soy gallega. Aprovecho el inciso para comentar que es práctica habitual en estados americanos de envasar las conservas de formas bastante singulares, muy similares a las chinas: en bolsas.

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“Bolsas” de atún en USA

(Diferentes envases de pescado -en conserva- en China:)

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Bien, la cuestión de los libros es un debate que existe desde los primeros cursos del sistema educativo. La gran inversión que tienen que hacer los padres por libros que cambian cada año despierta una serie de enfurecidas discusiones de si el sistema está realmente diseñado para educar o más bien para consumir. No quiero entrar en semejante debate, pero quiero incidir en que el problema no desaparece ni en los últimos años universitarios. Aquí entra también la autoría de los libros, que suele atribuirse al profesor de las asignaturas en cuestión, y que tienen la objetiva insistencia en recomendar su libro como lectura “obligatoria”. Nótese la paradoja.

De todos modos, lo cierto es que cuándo me entregan la “ficha de la asignatura” (ese papel donde cada profesor explica en qué consiste su asignatura, los métodos de evaluación,  los ejercicios y lecturas obligatorias) y contiene una larga lista de items no puedo evitar sonreír y correr a tenerlos entre mis manos, justo antes de colocarlos en la estantería.

Lejos de temer la vuelta al cole, me encanta la lista que hay que hacer para llevar a la papelería. Llenar la cesta de bolígrafos nuevos, libretas de diferentes colores, y una carpetilla para cada asignatura. Es de especial importancia estar al día de las novedades en todo tipo de sistemas organizativos de apuntes, por no hablar de las innovaciones en productos que borran tus errores sin dejar rastro. Un bolígrafo aerodinámico, para que tus dedos no reflejen el innumerable esfuerzo, y una libreta con rayas invisibles o cuadrículas milímetradas. Portaminas, lápiz. Post its, agendas, blocs de notas. Clips, grandes, pequeños, grapas. Subrayadores. Finos, Gruesos. Amarillo para fechas, naranja para personajes históricos. Rosa para características, azul para causas, verde para consecuencias.

Evidentemente el gran paso por delante que nos llevan los americanos en el mundo de la papelería (existen grandes almacenes como Staples o Office Depot que sólo venden productos de oficina y papelería) no ha ayudado a mantener los gastos extras de mi cuenta dentro de los límites de lo razonable. Pero uno de los factores que han contribuido muy negativamente ha sido el hecho de haber tomado la decisión de abandonar el mundo académico después de mi “graduación”. Mi subconsciente ha dicho ” este es mi último año en la universidad, y a saber cuándo tendré la oportunidad de volver a adquirir libros de texto y productos de papelería de manera más o menos justificada…. ” cada vez que entregaba la tarjeta de débito a los cajeros de Columbia Bookstore.

Y de la librería de la universidad os quería volver a hablar, antes de terminar por hoy. Hice mención con anterioridad cuando os hablaba de la ropa y parafernalia universitaria, pero lo cierto es que la librería de la universidad se convierte en un verdadero atractivo pozo de sabiduría durante el comienzo de cada semestre.

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En la parte de atrás de la librería ( perfectamente ordenada) se encuentra una especie de lugar caótico, repleto de estanterías y escaso en decoración. Este lugar es donde se obtienen los libros de texto, o los libros que los profesores exigen que leamos en cada asignatura. No tienes que recordar ni el título, ni el autor, basta con que recuerdes el nombre de tu asignatura (que a veces puede ser bastante difícil: ” principios aplicados a la antropología cultural y métodos de las ciencias sociales -o algo así-” por poner un ejemplo de mis asignaturas). Cada estantería está dedicada a una licenciatura “Economía” Matemáticas” “Biología” “Ciencias Políticas”, “Periodismo”.  Yo, por ejemplo, he de ir a la sección de  “antropología”, a la de “lenguas y culturas de asia oriental” y “chino”. En estas estanterías cuelgan papelitos que indican el nombre de la asignatura y el nombre del profesor. Cómodo, ¿eh?, práctico, vamos no hay excusa que valga. ERROR. Mis más allegados ya han de intuir cuál es el problema. Adriana, justo después de meter en su bolsa los libros de su asignatura, piensa: ” a ver… ¿qué leerán en literatura española? es sólo curiosidad…. ¡hombre! este libro no lo he leído… qué vergüenza… mejor me lo llevo…”, ” siempre he querido estudiar periodismo… ¿qué leerán en esas asignaturas? … “Cómo empezar a escribir artículos periodísticos y empezar una carrera como periodista de viajes” ¡caray! es que parece que lo han escrito para mi… mejor me lo llevo” … “qué curioso, en estudios religiosos les mandan leer un libro que dice “¿vendrán los alienígenas y modificarán nuestra estructura genética? … la verdad el conocimiento no ocupa lugar…”

 

 

 

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Exacto. Y sería muy difícil explicar las voces de mi subconsciente cuándo paso por la sección de “Teatro”.

2 pensamientos en “Financial Times: La cuesta de septiembre

  1. Ohhh, deu ser fantàstic passejar-se per allà!!! No és només com estar en una llibreria, per ben proveïda que estigui. Només pensar que aquells llibres són els must-have segons els millors professors de les millors universitats…és que pràcticament t’obliguen a comprar-te’ls tots!!! Don’t worry, Adriana: compra’n tants com vulguis, que me’ls pots enviar i jo te’ls guardo😉

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