The False Mirror

Por fin he hecho uso y abuso del privilegio de vivir en Nueva York. Me he equipado bien. Guantes de esos sin dedos, pero que tienen capucha que se puede quitar cómodamente cuándo necesitas hacer algo (pasar el billete de metro, pagar, mandar un mensaje …), un gorro, y un paraguas ( que se ha acabado de desintegrar por completo).

No dejó de nevar en ningún momento, y he de decir que disfruté también del paisaje navideño desde dentro del MoMa (el Museo de Arte Moderno). Con el carnet de la universidad, es gratis, así que sabes que siempre puedes volver. En vez de agotarme en ver todo el museo ( además, ya he ido en otras ocasiones) me centré en algunas salas.

Me hacía mucha ilusión ver la exposición de Magritte, siempre me ha gustado mucho su pintura surrealista, y todavía no me puedo creer que haya podido verlo en “la vida real” , acercar mi cara al lienzo y casi olerlo. También me dieron una de esas guías que te explican los cuadros. Ahora son iPhones y es muy didáctico. La mujer que explicaba la exposición de Magritte era muy competente.

Hacía tiempo que el arte no me emocionaba. Creo que se debe a una sobreexposición de los medios, que al final casi hacen que ir a un Museo sea insípido. Desde luego, una concepción muy diferente a otros tiempos, que era dificil imaginarse la magnitud de una obra de arte simplemente con una diapositiva o una miniatura en la enciclopedia Larousse.

Varios cuadros de Magritte forraban mi carpeta del instituto, entre otras obras de mis artistas favoritos, aún recuerdo perfectamente donde estaba cada uno de esos cuadros.

Por otra parte fue una bonita manera de cerrar el curso, porque mucha de la teoría con la que hemos estado trabajando estaba perfectamente representada en los cuadros.

Lo que más me gusta de su particular surrealismo es que sus cuadros cuentan verdaderas historias que son accesibles a una persona desinformada como yo. Las historias se pueden articular, pero lo más importante es que dejan ese regusto amargo que te tiene reflexionando un buen rato. Admiro que haya podido expresar su filosofía solo a través de los cuadros, sin necesidad de discursos cargados de palabras casi sagradas. Es incluso paradójico que uno de los cuadros de Magritte ilustran una obra de Foucault.

Lo que Magritte me contó hoy, en sus palabras, es que el duda de  nuestra percepción. Según él, las cosas que vemos a través de nuestros sentidos, no son necesariamente la realidad, sino que pasan por un filtro subjetivo. El mismo objeto, la misma persona, o la misma obra de arte evocan cosas diferentes en cada uno, las “vemos” de diferente manera.

Por eso él intenta demostrar que las suyas, como todas las representaciones, son falsas. “Esto no es una pipa” es un claro ejemplo. Al pintor le preocupan muchas otras cosas, como el acto del “voyeur”, la violencia, la belleza.

También es crítico, y no deja títere con cabeza, se burla de la pintura “clásica” tan sujeta a estrictas convenciones, el arte no debería limitar a las personas, parece que grita en sus cuadros, sino que es una forma de expresión sin límites. Magritte también hace “deconstrucciones” tan de moda entre la cultura hipster, pero sin aires de arrogancia, sino más bien simple, sencillo, claro. Para mí, el pintor hace eso de “explícalo con tus propias palabras”.  Y lo mejor, no se olvida de hacer mención al lenguaje ( y para más inri el francés en su caso ) como instrumento poco eficaz para traducir todo lo que nos rodea.

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