Nervios de última hora

Parece mentira, ya lo sé. Que a estas alturas aún me pongo histérica cada vez que tengo que subirme a un avión. Pero no me juzgues, que tengo mis motivos. Tengo una larga historia de experiencias agridulces que siempre se me aparecen cual despliegue de diapositivas en las horas previas a volar: maletas perdidas, pagar por exceso de equipaje, cancelaciones y retrasos, huelgas, averías. Además, vuelo en unas fechas un tanto delicadas. Salgo el 23 a las 5 de la tarde, y llego a oporto el 24. ¡El 24! Igual que Papá Noel, y literalmente, llevo media maleta cargada de regalos… 

Estoy contrariada. Los nervios a flor de piel, literalmente. Susceptible. He intentado invertir las últimas horas en Nueva York lo más distraída posible. Aunque pueda parecer increíble, hoy hemos estado a 22º, en pleno diciembre! Me dieron bastantes sofocos, al más puro estilo menopáusico. Y la gente saco sus mejores galas veraniegas

 

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Quería llover, y estuvo amenazando todo el condenado día. Pinga por allí, pinga por allá. Atemorizada me tenía. Además, para mi tranquilidad, me topé con un accidente

 

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Estoy emocionada, e impaciente. ¿Cómo es posible? ¿Cómo se explica? Cuánto más tiempo pasa, más acostumbrada debería estar, a la distancia, digo. Sin embargo, cada vez vuelvo con más ilusión. 

Hasta pronto. Y lo digo de verdad. 

 

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