Antidepressive Sales

No sé cuáles son realmente las respuestas a los bajones emocionales y cuán de efectivas son las mismas. 

Si uno utiliza los medios como punto de referencia, podría concluir que respuestas más o menos establecidas ante un estado de ánimo bajo son (totalmente estereotipadas):

Entre los hombres parece que romperse la crisma entre amigos, o sin más, acabar dormido en la barra del bar y literalmente ahogar las penas en alcohol goza de una aceptación generalizada. A veces incluso se le permite al sexo dominante soltar una lágrima. 

Para las mujeres: atracones de productos categorizados como malos para la salud entre los cuales gozan de popularidad el helado y el chocolate. En Estados Unidos le llaman a ese tipo “comfort foods”, algo que me recuerda inevitablemente a la traducción que hacen los medios de comunicación – y que me indigna- de la expresión de moda “comfort zone” (zona de confort?, en serio?). Otra solución a un corazón roto o una decepción entre el ideal y prototipo de mujer moderna es ir de compras. Eso es algo que hace una buena amiga en Nueva York (suerte que entre sus muchos talentos el de leer castellano no se encuentra). Ella no consulta con la almohada, no deja reposar durante una noche, no se desahoga con amigas… una mala nota en un paper, el hombre de sus sueños vuelve con su ex-novia, que se da cuenta que el examen de francés es este miércoles (dentro de 4 horas) en vez de el próximo… ante todas esas situaciones se sube en el metro y aterriza en Soho o Penn Station, se funde con la muchedumbre: unas botas de piel, un abrigo de algún precio exhorbitante, Bloomingdales, Banana Republic o incluso J Crew la reciben con brazos abiertos y la recompensan devolviéndole sus compras en bonitas y estilosas bolsas. Normalmente llega tarde a nuestra cita, y me enseña su adquisición con una risa nerviosa. Ahora su único problema es cómo hacer frente a los gastos. 

Es temporada de rebajas y puedo decir con firmeza que yo no he ido nunca por decisión propia. Más bien soy de esas personas que dicen: ya me lo compraré en Rebajas, y cuándo llegan pienso que prefiero pagar más por un artículo que enfrentarme al desorden y a las masas. En ambos casos mi economía me lo agradece, porque comprar para mí es algo que me cuesta. 

Ayer, 7 de Enero, día por excelencia de Rebajas. Me levanto y me topé con uno de esos momentos que tienen la capacidad de hundir el estado de ánimo de uno -no voy a entrar en detalles. En todo caso, mi madre sugiere ir a Vigo ya que es su último día de vacaciones. Acepto principalmente por dos motivos, el primero ¿será cierto que las compras suben el estado de ánimo?, el segundo, las noticias que ocupan todos los medios sobre las bajas temperaturas que me esperan en mi ciudad de residencia (¿temporal?). Había visto hace una semana un abrigo que parece poseer las cualidades de ser una fortaleza contra temporales de nieve, y me tentaba ver si el precio se había reducido. 

Fue una tarde de calefacciones agobiantes, empleados exasperados, clientes ridículamente compulsivos que acabó con mi tarjeta de crédito echando humo, causa directa de mi más mísero estado de ánimo al llegar la noche. 

Todos esos recursos contra malos momentos han resultado poco eficaces en mi caso. Sanidad recomienda el ejercicio físico. Alguna vez lo he probado, pero he de decir que darme cuenta de mi baja forma física tampoco me ha ayudado a subirme el ánimo. El alcohol, según mi madre, me hace llorar, o eso son sus observaciones al verme beber alguna copa de champán durante las fiestas navideñas. Las compras no funcionan y mi doctor me ha “prohibido” (cito: evitar en todo lo posible) cualquier alimento con sacarosa. 

Imagen

Al final fue una sala de cine a la antigua usanza, de esas que si se te pone un cabezón delante no te dejan ver los subtítulos en la parte baja de la pantalla, y una unos 121 minutos de una película enternecedora -que algunos incluso tacharían de sentimentaloide- la que, paradójicamente, consiguió evadirme un poco de lo que fue -y ya pasó- un pequeño mal día. 

2 pensamientos en “Antidepressive Sales

  1. Me encanta….jajaja… Para mi “las rebajas” han sido siempre muy atrayentes. Más que nada, porque se supone que encuentras esa pieza de ropa o calzado a un precio un poco más asequible. Sin embargo, son infumables.
    Ya no es sólo por el intenso agobio que te encuentras esos días…aún a pesar de estos años de crisis económica, donde se supone que no hay para caprichos; sino xk por muy pronto que vayas, como si duermes la víspera en la puerta…NUNCA HAY LO QUE BUSCAS….nunca os ha pasado? Con lo cual, con los años, te das cuenta que esperar meses para las rebajas, para ahorrarte unos euros…no siempre es la mejor opción y desde luego..pagar esos euros de más, sólo por no aguantar el gentío y la histeria colectiva, merece la pena.
    Asique, yo sería de las que encantada de la vida, me iría contigo al cine a ver una de esas películas “sentimentaloides” que por cierto, son mis favoritas….
    Un beso preciosa y sigue escribiendo así
    .

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