Mantener la compostura

¿Dónde le enseñan a uno, el arte de mantener la compostura? Porque yo estoy a punto de perderla constantemente.

¿Quién puede mantener la compostura, el cuello bien estirado, la cabeza bien alta, con las temperaturas que no suben de los -10ª? Porque yo camino rápido y encogida, me escondo de conocidos para no tener que detenerme en el camino. Luego llego a cualquier establecimiento más o menos cerrado, palpitando, y las mejillas se me sonrojan, aún fatigada, me desparramo en una silla. No puedo mantener la compostura, ni el peinado con las contantes capuchas y gorros de lana. Ni responder al teléfono, porque los guantes no fueron uno de los aspectos que tuvo en cuenta Jobs en sus creaciones, claro, el pensaba desde la otra costa, donde el 25 de Diciembre del 2008 vi a algunos pavoneándose en trajes de baño por la playa de Santa Mónica.

Y hablando de postura, una buena y elegante postura es la que me motivó a frecuentar el gimnasio de la universidad. Vayamos por partes. Odio el ejercicio, el deporte. No, no me motiva ir al decatlón y comprar zapatillas de última generación. No, no encuentro la comodidad en los sujetadores deportivos, ni el despliegue de novedades tecnológicas para acompañar a uno en su ejercicio matutino. No, no me gusta el aire fresco en la cara y salir a correr. Y, he de reconocer, que mi personalidad intrínsecamente intolerante me obliga a fruncir el ceño cada vez que escucho “el ejercicio me libera”, sí a mí también me libera de un estado físico indoloro, a un cuerpo envuelto en agujetas por doquier.

“Creo que deberías plantearte hacer algo de deporte” me dijo mi doctora estas navidades, “por tu salud física y mental”, insistió. “Ayuda con el estado de ánimo”, ya estamos. Viniendo de alguien cuyos consejos siempre llevo estrictamente a cabo, decidí intentarlo. Ya sabéis cómo fue mi primera aventura con el modelito de mi madre. Bien, como las clases esta semana eran gratuitas, fui a alguna más (esta vez con ropa “de andar por casa”, más usada, pero menos ridícula). Y cómo no, me encontré en otra situación que puso a prueba mi capacidad para mantener la compostura.

Clase gratuita de Pilates. Empezamos. “Venga chicas, hoy vamos a trabajar la pelvis.” No todo el mundo respeta los horarios, y a cuentagotas van llegando diferentes personas cuándo ya han pasado unos minutos. A mí me gusta lanzar una mirada de desaprobación. Cual fue mi sorpresa cuándo la última  que entró, unos siete u ocho minutos tarde, era una figura conocida. Y tan conocida. Más bien temida. Mi ex-directora de tesis. La superstar del departamento. Aquella por la que quise venir aquí y me inspiró en la búsqueda y captura del conocimiento absoluta. La misma que me hizo chocar con los pies en la tierra (o más bien con los morros), dejar de idealizar el mundo académico, cambiarme de “advisor” y desear con todas mis fuerzas salir de aquí cuanto antes.

“Bien, chicas, vamos a poner las manos sobre vuestra pelvis, en forma de triángulo. En esta clase tenéis permitido tocaros, jijiji” dice, la monitora con voz de programa edulcorado para amas de casa. Yo me intento fundir entre las aspirantes a vigilantes de playa, y que no me mire. “Concentraos en vuestro cuerpo, notad cómo trabajan esos músculos, sentid la conexión cuerpo-mente” ¿en serio? y si me ve y me reconoce -que no creo-, ¿quién pasará más vergüenza? ¿Y si me pregunta por mi tesis? ¿Qué le digo? Ay Dios, tengo que inventarme algo. Venga, piensa, piensa, un tema interesante. ….. estoy trabajando en…. mmm…. las cuestiones de identidad en transnacional … no, no, eso suena muy básico… las relaciones entre manufactura y organizaciones sinojaponesas en el siglo… no… si me pregunta algo más se me va a ver el plumero…. “Eso es todo por hoy, chicas, manteneos hidratadas y NAMASTE” Pero, estamos en clase de Yoga o Pilates?

Eso dicen, que ayuda a tener una buena postura, este tipo de terapias.

Un pensamiento en “Mantener la compostura

  1. Avui he anat a una classe on un cert exercici em feia somriure com una idiota. Jo no em veia, però podia notar els músculs de la mandíbula tensant-se, i la profe que intentava aguantar-se el riure T_T. La cosa és que tota la classe tractava de fer aquest exercici, una vegada i un altre. La part positiva és que aquest exercici que em fa fer el ridícul m’ha permès, per primera vegada a la vida, tocar amb els dits a terra^^.

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