Diario de viaje

Tengo un don. De esos dignos de retratar en una serie televisiva de ciencia ficción. Es un talento innato, inexplicable. No se puede aprender y todavía no se si es hereditario. Con el tiempo aprendo sobre el comportamiento de este don, o poder, y todavía no he conseguido controlarlo del todo. Como cualquier superpoder que se digne, siempre se revela bajo un atuendo muy específico, en este caso en ropa cómoda, de andar por casa, la que yo denomino “de viajar”. Este tipo de uniforme no requiere cinturones ni nada metálico, y se puede llevar con zapatillas de sacar y poner sin desabotonar. Este poder mío tampoco se manifiesta en cualquier situación, sino en lugares muy específicos y en condiciones extremas: aeropuertos y a a grandes altitudes y bajas presiones. Creo que se debe a su carácter “secreto” y estos lugares y espacios hacen que no me puedan identificar y relacionar con este superpoder. Es un poder de estos que uno no le ve la practicidad o el beneficio de buenas a primeras, sino que deduzco que con el tiempo y perspectiva llegaré a comprenderlo. No entra dentro de las categorías de superpoderes convencionales, ya que no se trata de ningún tipo de arma (no disparo fuego, hielo, o telarañas), ni responde a ninguna habilidad física destacable (volar, superfuerza, inmortalidad) aunque yo diría que entraría en los superpoderes mentales, de esos que te capacitan para leer la muerte, ver el futuro o echar males de ojo. Sin exagerar, pero a grandes rasgos este poder me capacita para atraer situaciones inverosímiles cada vez que viajo. Siempre anecdóticas y nunca graves, aunque a veces irritantes. Inconvenientes? Miedo a viajar.Ventajas? Tengo un grueso pasado de historias y leyendas al que puedo recurrir en mi futura profesión de “storyteller”. Tengo para dar y entretener. Una veintena de maletas perdidas (una jamás encontrada), cancelaciones varias y retrasos, noches en aeropuertos, huelgas aéreas, perros de tamaños humanos ocupando un asiento, pasajeros que deciden parar el avión antes de despegar, pasajeros violentos, pasajeros en estado de embriaguez o “mono”, niños con cuerdas vocales resistentes a 12 horas de vuelo, pateadores de asientos, charlatanes insulsos, ligones. Aterrizajes en destinos no programados, cambios de avión, overbooking y acabar en primera clase a precio de económica, vuelos que duran una hora menos de lo programado, o más, azafatas que juegan contigo al candy crush, roncadores, o acompañantes desconocidos que se recuestan sobre tu hombro. Guardias de seguridad que abren tu maleta, que te preguntan por un queso. Coincidir en el aeropuerto con alguien que no te esperas. Desaparición de tarjetas de embarque antes de subirte al avión. Tener que facturar sólo una crema. Exceso de peso en el equipaje. Gente benévola que te factura tu maleta porque ellos no llevan equipaje. Ryanair (que requeriría un espacio a parte). Me dejo grandes historias en el tintero, pero creo que transmito la idea. Al fin y al cabo, esto pretende hacer honor a un superpoder del que me han dotado, y no una apología de mis aventuras viajeras.

Aunque permítanme que recuerde mi último vuelo, ya que en apenas unos días me vuelvo a cruzar el charco por vías aéreas. Recuerdo que todo empezó por que Obama se encontraba en Nueva York, lo cual hizo que la llegada al aeropuerto de Newark fuese una lucha incansable con el tráfico. En el coche compartido iba una señora entrada en años, pero con una lengua joven. Muy joven. Después de conjurar contra los immigrantes (el conductor era dominicano) y quejarse de absolutamente todo (el tráfico, la ciudad, el gobierno, la vida) decide centrar su atención sobre mí. Después de saber que soy estudiante de Máster, me dice algo así como “espero que no te pase como a mi hija, que se le dio por estudiar Ruso ¿tú te crees? Hoy en día estudiar idiomas es absurdo, por eso ahora estudia …” “Señora, yo estudio Chino” “bueno, bueno, …. eso es diferente”. La recuerdo con cariño, al final, “estoy enamorada de Barcelona” decía, “disfruta de tus días en casa”. Newark es un aeropuerto práctico, pero aburrido, y me ventilé un libro en las largas horas de espera. Me sentaron junto a dos lesbianas, y no es que esto sea relevante en ningún aspecto, lo que es relevante es que una francesa conservadora en el asiento de delante decidió invertir sus ocho horas de vuelo en mirar hacia nuestra fila de asientos con ojos de desaprobación y sin disimulo. Me sentí bastante incómoda durante todo el viaje, pero no pareció molestarles en absoluto a mis compañeras, que pidieron bastantes latas de cerveza para ver Frozen en la pantalla de su asiento, y cerraron el viaje con un Bloody Mary que pidieron durante el desayuno, y que la azafata trajo en su bolsillo del uniforme (las mini-botellas de vozka) acentuando claro esta los Bloody ojos de furia de la francesa conservadora.

Llego a Paris, oh Charles de Gaulle, todo el mundo sabe lo mucho que adoro este aeropuerto * (nótese el tono irónico) en el que uno ha de subirse a medios de transporte varios para cambiar de terminal, y cuyos detectores de seguridad detectan hasta un pendiente de fantasía, o una lentejuela en la ropa interior. Para más inri, habían cancelado mi vuelo de por la mañana, y me habían puesto por la tarde, ya que se ve que no llenaron los dos vuelos parís-vigo y nos metieron a todos en un único vuelo. Me parece estupendamente, hay que ahorrar combustible y promover una vida más ecológica. De todos modos, me esperaban 9 horas en París y sólo me permitían estar en la zona de pasajeros en tránsito, con una tienda y un puesto de café únicamente, no me autorizaban a consumir en las tiendas de marca de las otras zonas del aeropuerto. Pero puede usted ir a París, si quiere, solo son 20 Euros al centro. Obviamente, conociendo mi trayectoria en anécdotas viajeras, decidí no arriesgarme. Me probé todos los perfumes hasta que me mareé, gasté la batería de mis aparatos electrónicos, y me tomé un minicafé por 3Euros que me resultó delicioso (más le valía). Cuándo me subí al avión vía Galicia, caí rendida. Sopa. Dormida profunda. Hasta que vino la azafata y me ofreció un refrigerio “salado o azucarado? (la pregunta era galletitas saladas o galletitas dulces?) Dulce. Dije, más por fastidiar que otra cosa, para dejarle caer que la palabra es Dulce, no Azucarado. Y cierro los ojos otra vez. ” JEJEJJE – alguien me toca en el hombro- ¿estamos cansados ehh?” Abro los ojos, y respondo a mi -desconocido- acompañante. “Sí” sonrío y vuelvo a cerrar los ojos. ” Claro… tanta fiesta de noche no es buena” me dice. Abro los ojos. Le miro. “No, es que llevo varios días viajando”. Cierro los ojos. “Ah! Yo también, mira, volé de aquí allá, luego a Sudáfrica, luego a Nairo…” (una larga lista detallada de su viaje) Por fin parece que puedo volver a cerrar los ojos. Empiezo a soñar. Codazo, codazo. Perdona que te despierte pero mira mira, mira por la ventana. Sabes esta isla es… (me enseña un mapa).

Al final aterrizo. Y aunque mi maleta sale por una cinta inesperada, llega, y estoy agradecida. Por supuesto el hombre de aduana me detiene antes de salir. ¿De donde viene usted? De NY. ¿Algo para declarar? NO. Mira mi maleta. ¿Segura?. Sí. Me mira con incredulidad. Bueno, pasa.

Y entonces está mi padre, mi prima Ixchell, y mi perra. Y entonces todos los males se me pasan. “Tengo una de anécdotas que contar” A ver, ¿qué te pasó esta vez?

3 pensamientos en “Diario de viaje

  1. Jajaajaja muy bueno el post. Yo tengo una amiga que es de las tuyas, una vez se iba (de resaca) a Málaga y apareció en Roma, lo más raro es q con la tarjeta de embarque de Málaga las azafatas no se dieran cuenta y la dejaran subir… Después de patalear, final se lo arreglaron, pero tuvo que esperar 2 horas en el aeropuerto de Roma y luego otras 6 en el de Madrid.

  2. Mai mai mai m’ha passat res remarcable! Deu ser que no viatjo gaire sovint. Com a mínim ara et deus prendre petits imprevistos amb més filosifia, mentre molts altres passatgers s’indignen i reneguen.

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