Las ventajas de ser un consentido transeúnte

 

Estar “de paso” tiene sus ventajas. Ayer de cenar había mejillones en vinagreta. No había más que comparar el plato de mi padre y el mío para darse cuenta de una desigualdad más que aparente. Obvia, diría yo.En mi plato relucían unos mejillones hermosos, de estos que casi desbordan la concha. Un color atractivo, que parecían pintados de acuarela. Las tripas y otras intimidades bien escondidas, conchas enteras, de esas que incluso quieren ser reutilizadas o disecadas para decorar un cuarto de baño. En el plato de mi padre descansaban unos mejillones más bien anémicos, pálidos, o con colores poco atractivos. Eran flacuchos, y las tripas apenas le entraban en el cuerpo y sobresalían hacia conchas más bien dañadas, a las que le faltaban trocitos. Aunque iban disfrazados de una hermosa vinagreta con cebolla roja, ya saben lo que dicen, “la mona, aunque se vista de seda…”.

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Por si acaso, esperé al final de la cena, que mi padre se terminó un poco a regañadientes, para poner de relevancia la injusticia que había tenido lugar en un hogar que aparentemente aboga por las igualdades, aunque bueno, he de decir que entre las generaciones más canosas algún día utilizaron “socialista” a modo despectivo contra mí. 

¡Pero cariño! Los mejillones son todos buenos.- Alegó mi madre, intentando insinuar que las desigualdades no habían sido intencionadas y completamente fruto de la casualidad. 

No hizo falta que dijéramos nada, un silencio bastó para que mi madre replicase.

Además, papá aquí tiene mejillones frescos cuando quiera, sin embargo, tú allá….

Aquí es a donde quería llegar, ya que este tipo de argumento ha hecho que todas mis visitas a Galicia se convirtieran más en un retiro espiritual o relajante en un Spa que en una visita familiar. 

He de decir, sin embargo, que mis últimas vacaciones no han sido particularmente inolvidables, ya que he venido con una carga de trabajo considerable (la responsabilidad de acabar mi tesina) y no he salido de casa más que a la óptica a hacerme unas gafas nuevas. 

Aún así hay cosas que se repiten con cierta frecuencia en todas mis visitas. En primer lugar, existe un “perdón” previamente acordado por todo el mundo, y aceptan cualquier infracción que pueda cometer durante mi estancia. Uy, llego tarde a comer. O ups, me he dejado la luz encendida. Eh… sí, la última cocacola me la he acabado yo. Y sobretodo, no se lo tengas en cuenta, es que tiene mucho trabajo. Aunque no insisto, las tareas domésticas me están prohibidas, y todo se me consulta de manera casi innecesaria. ¿Quieres poner la mesa? Si no ya se lo digo a papá…. Mis menús no repiten nunca y sólo me sirven manjares de temporada y de la tierra en mis preparaciones favoritas. Tengo fresas ( un favorito personal) frescas todos los días en la mesa. Mi habitación tiene flores de mi color favorito. Mi ropa aparece limpia, doblada y sobretodo ¡planchada! por arte de magia. La agenda de mis seres queridos se configura en torno a mis necesidades, las cuales pueden llegar a ser desde una revisión médica a algo más banal como tener antojo de café en “aquel sitio en concreto para el que incluso hay que cruzar la frontera”. Casi lo más sorprendente es que todos estos esfuerzos se realizan con una sonrisa y no parece en absoluto incordiar a nadie, supongo que vivo en una familia de buenos actores. O no. Simplemente soy muy afortunada. 

Me quedan apenas unas horas en este paraíso, aunque sea más bien gris y lluvioso, y empiezo a estar arisca. Soy como mi prima, cuando se acercan las despedidas inexplicablemente nos volvemos susceptibles y ariscas. Aún por encima llevo en la maleta ese sentido de inmensa culpabilidad, llena de cariños no merecidos y deudas sin pagar. Un poco de tristeza también, pero unas ganas de aprovechar hasta el último capricho, porque sé que quizá esta sea la última vez (espero) que solo estoy “de paso”. Un último empujón al otro lado del charco, y volver,  volver a vivir, al menos en la misma franja horaria. Volver a pues si no te gusta te aguantas, otra cosa no hay. Te voy a pasar la factura del teléfono. ¿La perra no es tuya? llévate tus trastos a tu casa. Uy cuánto mimo… a ver, ¿qué me vas a pedir?. Necesito que me ayudes. ¿Me puedes hacer un favor? Ahora tengo mucha prisa, luego. Ve caminando, cielo, que necesito ir con el coche a… ¿Vienes el fin de semana? Pues a ver si nos ponemos con las cosas del desván, quiero deshacerme de todas tus cosas viejas… Pero tú te crees que por ser intelectual no significa que tengas que saber planchar? 

Uhm, igual alargo mi estancia un poco más… 

 

5 pensamientos en “Las ventajas de ser un consentido transeúnte

  1. L’eterna vida de l’estudiant, o la vida de l’estudiant etern (-_-;). Realment se n’ha de tenir moltes ganes per dedicar-se a l’academia i sobretot als EEUU. Per això entenc que a l’estranger els PhD es casin i es muntin la família tot i ser estudiants, quan aquí encara estem divertint-nos i preguntant-nos què volem ser de grans. Em queden menys de 2 anys i no veig el moment d’acabar aquesta etapa i començar-ne una altra. Entre tota la feina que tinc (que m’agrada molt, tot s’ha de dir), trec moments per elucubrar sobre tot el que podré fer llavors. Dedicar-me a estudiar xinès in situ exclusivament? Buscar feina de lo meu? Classes particulars de castellà o anglès? I naturalment tots els plans semblen atractius, sobretot en aquells moments del dia en què no sembla que facis res de bo i et veus com un zero a l’esquerra. No he viscut mai això de “estar de paso” i que et mimin. Però segurament d’aquí un temps tingui l’experiència que comentes de “tornar a la vida normal”. A veure^^.

    • Yo creo que hay que probar un poco de todo. Muchas cosas hasta que no las pruebas no sabes si te enriquecen, satisfacen, o qué. Por ejemplo, siempre que me preguntaban “quieres ser profe?” decía un NO rotundo. Creía que lo odiaría. Sin embargo, el año que pasé en galicia entre acabar Asia Oriental y irme de beca a NY estuve dando clases en una academia, y clases particulares a niños en Tui. Me encantó. Descubrí muchísimas cosas sobre mí que no sabía, y el valor que tiene la enseñanza. A veces pienso en volver a hacerlo. Por eso que prueba a estudiar chino “in situ”, prueba a dar clases, prueba a dedicarte “a lo tuyo”… prueba prueba prueba. Siempre pensé que mi vida sería en torno a la academia estadounidense, aún recuerdo estar en el Buenas Migas en Barcelona, merendando con mi madre, y diciéndole: quiero ir a USA, hacer un PhD y dedicarme a la investigación. Obviamente todo cambió cuando probé…

  2. Eso a mi también me pasaba cada vez que volvía! Es bonito, te echan de menos y eso se nota, y también está bien que sea por un corto espacio de tiempo, así no te remuerde la conciencia por aprovecharte. Por cierto, me gusta mucho el tono irónico con el que escribes. Saludos!

  3. Cómo me ha gustado tu post!!! y que identificada me siento!!! en mi casa el preferido siempre fue mi hermano. Quizás más que preferidodependiente de mis padres, y mis padres, consecuentemente -aunque ya sólo sea por costumbre- también dependen de él…. pero ahora que no vivo en casa… ¡madre mía! ¡cómo cambian las cosas! ¿no quiero ni pensar como nos admitan en el MBA de Chicago el año que viene -a mi marido y a mi- lo que va a pasar!🙂

    Esther

  4. es lo único que me echa para atrás cuando pienso en volver! quisiera ser siempre visitante, aunque tal vez preferiría poder hacer los saltos intercontinentales con una mayor frecuencia ^^

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