Inmadura

En un repentino momento de amor fraternal, mi madre me dice que llevo un estilo de vida de una vieja, y que en unos años me arrepentiré de no haber disfrutado de mi juventud. ¡Sará melodramática! En eso sí que he tenido a quien salir. Lo cierto es que está exagerando, porque llevo una vida de lo más acorde a una joven de 26 años. Podría incluso poner algún que otro ejemplo. Sin ir más lejos, suelo trasnochar. Es muy fácil encontrarme despierta a las 7 de la mañana un domingo. Cómo muchos jóvenes de mi edad, ¿no? Además, si tengo que hacer virguerías para llegar a fin de mes, será porque, tal y como corresponde a mi edad, llevo una vida de interesante que sólo invita al derroche no? De verdad, qué ideas se saca mi madre, ella sí que aparenta senil! y como me tire de la lengua le confieso incluso que, como cualquier joven soltera, a veces utilizo a los hombres en mi propio beneficio: no es la primera vez que devuelvo una sonrisa pícara a algún superior para conseguir que me perdonen un desliz en la lista de referencias. Y además, ya que vivo en Nueva York, hasta he probado a explorar mi sexualidad, y hasta he intentado poner de manifiesto mis encantos a los miembros femeninos del departamento por unas décimas… ¿acaso conocéis a alguien on una vida más fascinante? Si no he escrito en las últimas semanas no se debe en absoluto a una carencia de experiencias vitales que merezcan mención, sino que son precisamente estas aventuras desenfrenadas que no me dejan el tiempo que requiere ponerlas por escrito. 

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