Un amigo en la calle 32, y otro en la quinta avenida

A veces presumo de ser una persona capaz de nutrir mis amistades, y no es raro escucharme presumir de cómo todavía me relaciono con amigos de la infancia, del instituto, de Traducción, de mis cursos en China… ¡qué presuntuosa! No dejo de tener un poco de razón, y es verdad que me cuesta bastante poco mantener el contacto. No hace falta que haga mención de la poca pereza que me produce el escribir, y eso ayuda. Las nuevas tecnologías, con Skype en cabeza, me facilitan bastante las cosas a la hora de estar conectada con California, Galicia, Barcelona, Madrid, París, Beijing, Taipei, Tokyo, Finlandia y otros muchos lugares a los que viajo sin cables sólo para intercambiar algunas palabras y deshacer por unos instantes distancias insalvables. Con todo, lo cierto es que se me van quedando voces en el camino, y a veces es imposible detener el proceso por el cual algunas relaciones quedan reducidas al pasado. A veces hay motivos, un malentendido, o el mero hecho de que todos cambiamos y el tú y yo de ahora no necesariamente se caen en gracia en el futuro. A veces es mera pereza, y muchas otras es esa imposibilidad de romper el hielo inicial que se construye con la distancia. A veces duele separarse y prefieres incluso perder el contacto con la esperanza de así dejar de echar de menos. Algo que no ocurre, os avanzo: por mucho que intentes odiar a alguien o olvidarle, no deja de doler su ausencia. Muchas veces es culpa mía, no lo intento demasiado, o espero que aquel al otro lado sea tan constante como yo en sus acercamientos. Algunos ni siquiera necesitan un contacto frecuente para quererte igual que siempre,  yo no lo entiendo, y entonces me vuelvo intolerante. Me enfado y no dejo saber el porqué.

El caso es que hace poco recuperé el contacto con dos jóvenes con los que compartía mi día a día durante mis últimos años en Barcelona, estudiando Asia Oriental. Si esto perdura, puedo decir con orgullo, que conservo seis amistades de este periodo de mi vida, personas que como yo han cambiado pero que hemos descubierto que aún nos toleramos. Que paradójico esto del mundo de la tecnología. Cuánto daño hace a las relaciones sociales cuándo están cerca, y cuanto benefician a las relaciones sociales que están lejos. Creo que hablo más con Mari Pau, por ejemplo, que está en Finlandia y la diferencia horaria dificulta mucho el diálogo (a veces nos respondemos en franjas de horas, o días) que con mi compañera de piso (sí, también por incompatibilidad de horarios).

…He empezado a hacer una lista mental de cosas que voy a echar de menos de NY. Hoy, hablando con uno de estos amigos con los que he recuperado el contacto recientemente, mencionábamos la importancia de perderse para conocer los lugares. Y qué difícil es perderse en esta ciudad. Las calles tan perfectamente numeradas, en un orden casi enfermizo y a la vez tan representativo de la sociedad esta: tan práctica. No es sólo práctico en su sentido orientativo, sino que es a la vez muy representativo de la gente que cruza (y muchos se pasean por ambas aceras): los números son números, no tienen idioma ni nación, son cosmopolitas y multiculturales. Se evitan así la acusación, tan frecuente y justificada por cierto, de racista. ¿O me lo estoy imaginando? No sé si detrás de la idea de numerar las calles hay una intención integradora y de respeto por todos los inmigrantes que vivimos aquí, pero en todo caso, es una historia digna de publicar.

 

 

4 pensamientos en “Un amigo en la calle 32, y otro en la quinta avenida

  1. Com que no sóc una persona de paraules em costa mantenir el contacte. No sé mai què dir ni què escriure. Però tinc presents a aquelles persones que estan lluny meu. Per a mi el whatsapp és la nova tecnologia que més m’ajuda a estar a prop de la gent. En un xat o videoxat tinc la sensació que has d’estar al 100% del temps pendent d’aquella conversa, com en una trucada telefònica. En l’altre extrem considero que i ha els emails: els envies i algun dia ja et contetaran. En canvi el whatsapp permet tenir conerses tant instantànies com espaiades en el temps. La possibilitat d’il.lustrar el teu dia a dia amb imatges, vídeos o missatges de veu també ajuda a mantenir vincles estrets (què menjo, què em sorprèn, què passa al meu voltant).

    La numeració dels carrers de NYC és realment pràctica. Potser pe això van dissenyar el metro tal com és, per compensar-ho. Amb línies del mateix color que es bifurquen, entrades de metro que només donen accés a una andana i has de tornar a pagar per canviar de sentit, etc.

  2. El miedo a molestar a la otra persona, el pensar que si la otra persona quisiera mantener el contacto te diría algo y después los dos estéis pensando lo mismo, incluso creando un odio absurdo sólo por mal-pensar lo que el otro debe estar pensando. La era de la comunicación y la incomunicación simultanea.
    Precioso este post, o soy yo que estoy sensible😄
    Sólo por la numeración de las calles, NY ya es la mejor ciudad del mundo, al menos para mi que no tengo orientación ni memoria para las direcciones. Me daba más seguridad el saber que no podía perderme que todos los policías que vi.

  3. Ya sabes que somos bastante iguales en ese sentido. Solo tendría que cambiar ciertos factores de la ecuación para que yo también pudiera firmar ese texto. Ya falta menos para que te acojamos en el caos…

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