¿A cómo está el kg?

Desde que “acabé” estoy teniendo unos días muy fruitíferos. Leyendo e ilustrando el proyecto de un cuento infantil que hace meses tengo en mente. También he pateado rincones de la ciudad, sobretodo esos que sé que no voy a repetir tras la llegada inminente de mis padres, que tienen otras prioridades. Algunos ya estáis levantando la ceja, y por eso no he dicho fructíferos, más bien fruitíferos. Todo empezó el otro día, charlando con Joan, que me contó que empezaba la temporada de la fruta en Lleida. Aunque en Galicia la temporada del Kiwi y la de la vendimia son buenas oportunidades para sacarse algo con lo que llenar los bolsillos, no dejó de sorprenderme la mención. De alguna manera la conversación se dirigió a los Paraguayos y acabó por imaginando un mundo en el que los frutos recibiesen gentilicios por nombre.

He de decir que la fruta nunca ha sido un bien escaso durante mi infancia ni durante mi juventud temprana. Más bien lo contrario.En casa había una variedad inmensa y las estanterías repletas de mermeladas al vacío revelan la magnitud del excedente. Aunque esto de la mermelada es una cosa que empezó hace poco, mi madre con la fruta madura nos hacía macedonia, que en el caldo de zumo de naranja disimulaba. “Hoy se cena fruta, que se va a echar a perder”. Los veranos en la piscina de la abuela aún tienen regustillo a los melocotones del árbol , que, ahora que recuerdo, lavábamos con el propio agua de la piscina. Y aquí estamos, y ahora tanto miramiento con la moda de lo orgánico. Pamplinas. La fruta era algo que ni se cuestionaba, de hecho, mi tío Toni se la tomaba antes de la comida. Esto también lo hace ahora mi amiga Lorena con su hija, así no se puede escaquear de la fruta porque ya “está llena”.

Mi primera semana en Barcelona, en septiembre, aún con el paladar veraniego, fui a comprar peladillos. ¿Peladillos? ¿Qué son peladillos? He ahí la primera confrontación cultural Galicia-Catalunya. Peladillos es como llamamos en Tui a las nectarinas, un extranjerismo, para mi gusto. Hasta pertenecen a géneros gramaticales diferentes.

Es cierto que ya como estudiante universitaria, cuando tuve que empezar a administrar mis finanzas y distribuirlas en libros,alimentación y salir, empecé a prestar más atención a los precios en la frutería, y bueno, alguna que otra vez compré de las manzanas más feuchas (pero más ricas) porque estaban más baratas. También dejé lo del zumo natural, que se salía del presupuesto. Pero, por lo general, nunca tuve que hacer malabarismos para poder permitirme comprar fruta.

La cosa cambia en NY. No quiero ya entrar en la discusión de lo orgánico, ecológico, etc. pero hasta la fruta con pesti y herbicidas es carísima. Yo he dejado de elegir la fruta de la semana, ahora es “sorpresa”. La frutería que frecuento hace unas bandejas rebajadas de precio con un variado de fruta “tocada”, esa es la mía. Recuerdo siempre aquellas medias sandías gigantes que me compraba en Beijing por menos de 50cts. Y eso que seguro que me estaban estafando, por no tener cara de ser del vecindario. Las cosas funcionaban más o menos así. Un precio para el local, y otro para el de fuera. Nunca te van a dar el precio local, pero si les dices, “dame el precio chino” en mandarín, les hace gracia y te hacen un descuento. Pero a lo que iba, aquí, cuando uno pasea por la frutería se encuentra a la gente observando con detenimiento el producto. Palpándolo y comparando. Tampoco hace falta tantos miramientos para saber el grado de madurez de la fruta ¿no? Es que no os equivoquéis, no miran  ni escuchan el melón para saber si está “para comer”, como nosotros, no. Aquí se mira el tamaño. Una de las cosas que más me llama la atención es que la fruta aquí no se vende por peso, se vende por unidad. Tres kiwis por dos dólares. Seis mandarinas por tres dólares. Cuatro mangos por cinco, dos melones por cuatro. Así yo también intento llevarme los más grandes, no te fastidia. Aunque a mí siempre me enseñaron que la fruta, cuanto más pequeña, más sabrosa.

Frutería en Harlem, donde todo es tres veces más barato

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2 pensamientos en “¿A cómo está el kg?

  1. Media sandía por 5 yuanes? Este año todavía no he comprado sandía, pero juraría que no es tan barata ni de casualidad. China se está poniendo por las nubes…

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