Contrachoque Cultural

El domingo comentaba -con mucho sentido del humor- con un amigo, también ex-becario (fulbright en su caso), algunos de los aspectos que nos hacen sentir en una especie de “Contrachoque cultural”. En aquel momento nos referíamos a salir el domingo a “comprar algo que te hace falta” y encontrarte con una ciudad muerta y vacía y con absolutamente todo cerrado a cal y canto. Por costar, nos costó hasta encontrar un lugar donde tomar algo y cenar, pero nos acabaron por servir unos calamares a la romana, de los de toda la vida, pero bajo el título de “tempura de calamares” y tiramisú de ColaCao.

La gente, con muy buena intención, al menos en la mayoría de los casos, me suele preguntar si estoy bien aquí, si no me siento como que “se me queda pequeño” , que debe de ser aburridísimo volver a Vigo después de NY. Pues no, señora, se equivoca. Al principio, la primera reacción, es que me moleste un poco ese tipo de pregunta, -aunque siempre la respondo de manera muy diplomática- porque me obliga casi a sentirme “decepcionada” o ver mi vuelta como si de un “fracaso” se tratase, y nada más lejos de la realidad. Mi reciente mudanza a la calle Progreso de Vigo bien ilustra esta nueva etapa. Un progreso.

Es posible que los expertos atribuyan este estado de ánimo particularmente optimista a una primera fase del proceso de “adaptación a un entorno completamente nuevo” (readaptación, en mi caso). Esa primera fase se caracteriza por una subida de adrenalina ante lo sorprendente y nuevo que resulta todo y una inagotable energía y vitalidad.

Seguro que os provoca la carcajada decir que con frecuencia me siento asombrada y seducida por las vivencias de mi día a día en Vigo, pero por humorístico que lo parezca, es verdad. Aunque, sin lugar a dudas, yo ya me situaría en una segunda fase, esa  en la que todas esas “sorpresas” “choques culturales” comienzan a suponer un ligero incordio que incita a la añoranza por tiempos pasados y no necesariamente mejores. Me explico, lo cierto es que he tenido un día catastrófico, sobretodo si lo contabilizo con la cantidad de situaciones a las que me enfrento a diario y que serían inconcebibles en mi previa ciudad (si no, me tacharían de exagerada).

Por poner algún ejemplo, al azar, de situaciones con las que me he topado hoy, imposibles de imaginar en un contexto norteamericano:

1. Que te corten el agua, sin previo aviso por supuesto, a causa de las obras de restauración en el vecindario bajo la supervisión del ayuntamiento , y que nadie te proporcione una explicación de por qué demonios sale un chorro de agua color tierra justo antes de dejar de salir cualquier otro tipo de líquido (ni por el WC, ni por el lavamanos, ni por la ducha) durante…. horas -todavía indeterminadas, sigo a la espera-.

2. Que te indiquen que la tarjeta de autobuses urbanos se gestiona en ABANCA. Que tras esperar a tu número en el banco (34minutos), te digan que no, que se gestiona en el Ayuntamiento. Que cuando llegues al ayuntamiento te digan que no tienes toda la documentación necesaria, que vuelvas otro día. Si tienes suerte de que te atendamos, claro.

3. Que aunque quieras ser puntual en el pago del alquiler, no puedas, por que a ti nadie te ha dado el número de cuenta al que tienes que hacer el ingreso, muy a pesar de haber enviado una cantidad considerable de correos electrónicos y SMS preguntando por eso.

4. Que el propietario de tu edificio (sí, posee la integridad de todo el inmueble) te ponga a caldo a una de las inquilinas. Que por casualidad te encuentres con la inquilina en cuestión y ésta te ponga a caldo al propietario, y a toda su familia. Que tu no conozcas a ambos en cuestión y no tengas el mero interés en verte involucrada en un programa de tertulia-violenta-tipo-Telecinco (si es que aún existe esa cadena).

5. Que no tengas correo de universidad, ni tarjeta universitaria, que no dispongas de acceso a la red wi-fi de la universidad porque nadie te ha proporcionado, ni saben cómo, tus “datos” (si es que los tienes, aunque pagar, has pagado, y de golpe, porque “la opción de pago a plazos no está disponible en tu modalidad).

6. Que busques un 24h para comprar agua (para cepillarte los dientes, ya que siguen saliendo nada, o gotas semejantes al lodo) y que tengas que deambular bastante por la ciudad para encontrar uno.

Pero al otro lado de la balanza, aún no te crees que puedas tomar un café por 0.80 , 1 o 1,10 Euros. Y que la gente se siente a tomarlo. Y un buen rato. Y en taza de cerámica. Que la profesora explique, e incluso te toque, en su explicación. Que te abraces o te beses a lo largo del día, con gente con la que no cohabitas. Que el trabajo no sea el único tema de conversación. Que las cosas funcionen sin necesidad de seguir un protocolo. Que siempre se puedan hacer excepciones. Aquella sonrisa. Aquel gesto. Aquel “bueno, a ver que se tuerce mañana”.

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