[fidelidad a corto plazo] Una entrada sensacionalista.

 

Tengo una amiga que es “la amante”.

“La otra”, “la tercera en discordia”, “Ésa”, “la tercera persona”, “la golfa” , “la inmoral”, “la…” bueno, no hace falta que escriba una lista de todas las hermosas acepciones con las que popularmente se suele uno referir a esa persona involucrada en la infidelidad, y que no es miembro de la pareja. Ella es mi amiga, pero <que el señor me pille confesada> no vengo yo a hacer apología de los pecados carnales, sino que vengo a presentar una inocente reflexión.

Es quizá fruto del grueso literario, el cinematográfico, el teatral incluso, que la figura de la amante aparece representada casi siempre de una forma similar, y ha permeado de tal forma en la psicología del público que sería capaz de apostar a que cuándo habéis leído la primera línea de esta entrada, ya os habéis configurado mentalmente a mi amiga, la amante, a imagen y semejanza de “la amante” (literaria).

Una mujer exuberante, atractiva. Una melena larga y desenfadada. Un encanto hipnotizador, una frialdad cuasi ardiente. Una “femme fatal” en toda regla. Una mujer segura, firme, con poderes embaucadores y hechizantes.

Qué lástima, nada más lejos de la realidad.

Mi amiga, la amante, ésa con la que él engaña a su pareja, suele pasar desapercibida. No es lo que diríamos una persona especialmente agraciada. Ella se esconde entre sus gafas, oculta su escote bajo jerséis de ochos y cuello alto. El pelo más bien despeinado, un pelín encrespado.

¿Salvaje, atrevida, descarada? ¡Ja! Es una niña bien, de esas que no ha roto un vaso en su vida. Sobresalientes, orgullo de sus padres y ejemplo a seguir según los padres de sus amigas. Que no tiene demasiadas. Ausente en locales nocturnos, invierte el fin de semana sumida en películas en blanco y negro o novelas rusas.

¿Sexy, sensual, provocadora? La chica tiene buena conversación, doy fe, pero se evade cuando entre su grupo de amigas hacen alusiones íntimas y se sonroja ante una escena subida de tono en cualquier película. Se mira sólo de reojo cuándo pasa delante de un espejo.

Aún así, es la amante. Sólo eso. Y las características, según tengo entendido, de su relación extramarital dista mucho también de las retratadas en la ficción. No es ella la guapa de entre las dos, eso ha quedado claro. Tampoco es ella la que se beneficia del muchacho en pleno esplendor, sino a la que acude cuándo tiene un mal día y necesita desahogarse con alguien para volver sonriente y en perfecto estado a los brazos de su pareja. Es con la amante con la que quiere sólo dormir, y a lo mejor, abrazarse. Es con la amante con la que habla de sus preocupaciones laborales, de sus intereses intelectuales. Es con la amante con la que comparte dilemas y tribulaciones, a la que consulta decisiones relevantes. Es la amante la que escoge el regalo de aniversario. Es mi amiga, la amante, la que le colma de palabras esperanzadoras para que pueda enfrentarse a ello. Es mi amiga con la que hoy no puede, no está de humor, ha tenido un día malo, le basta con hablar, con que esté ahí. Es a mi amiga a la que necesita, a la que no puede dejar ir, con la que no puede dejar de vivir. Es con la amante con la que hoy le duele la cabeza. Es con mi amiga con la que discute, con la que se tira los platos a la cabeza.Es mi amiga la que a veces espera, haciendo punto, tejiendo y destejiendo, y a veces no llega, porque se entretuvo de más con su pareja.  Es mi amiga la que le revisa las facturas, o le ayuda con la declaración. Su amante es a la que le deja excusas, a la que besa de refilón. Con su amante, mi amiga, es con la que a veces está más ausente.

Es a la amante, a mi amiga, a la que al final deja, para irse con esa mujer seductora del vestido de zapatos de tacón y escote sugerente, la del vestido con la espalda desnuda. La elegancia personalizada, la cautivadora víctima de la infidelidad que ha causado mi amiga, la mosquita muerta.

Así de estupefacta y sorprendida me quedé yo, sentada ante ella y un café (ella tomaba manzanilla) en una terraza junto al centro en el que trabaja, con bata. Llevaba la cara lavada, y no se había dado cuenta que llevaba la camiseta de debajo de su camisa del revés, podía ver la costura de la etiqueta. Sin un ápice de picardía comenzó ” estoy haciendo algo tan malo…” Y yo, que quiero decirle, con esto, que es a la amante a la que engaña.

 

 

 

 

 

4 pensamientos en “[fidelidad a corto plazo] Una entrada sensacionalista.

  1. En todo caso, tu amigo, lo que puede estar haciendo mal es darle todo eso a cambio de tan poco. Pero el que no parece estar en una relación abierta es Él, de ahí el secretismo y la culpabilidad que desprende todo, de la que tendría que hacerse cargo exclusivamente Él. ¡Un beso!

    • Gracias por tu comentario, J. Me alegra saber que ha funcionado esa alusión a la novela rusa, quizás tú y mi amiga tengáis mucho de que hablar también, no se si en lo que concierne a las relaciones románticas pero por lo menos de antemano sé que sí de música literatura. De todas maneras, yo no me siento capacitada para hace ningún tipo de juicio de valor. Las relaciones humanas son tan complejas que todos estos contenidos transversales aprendidos, valores y moralidad, pueden quedar anulados en un abrir y cerrar de ojos. Incluso podríamos llegar a cuestionarnos mi rol como amiga y como “cuentacuentos”. Y aunque no niego que pudiera dar lugar a debates bizantinos (y para este adjetivo he recurrido al REDES ) del calibre de muchos otros que aparecen en portadas de diarios (o posiblemente de importancia incluso mayor) , mi única intención era reflexionar en alto sobre el impacto de los personajes ficticios y prototípicos en nuestras vidas “fins al punt de” causarnos sorpresa cuando nos encontramos con la boca abierta de sorpresa cuando nos encontramos con una realidad que no se corresponde con lo que hemos inconscientemente aprendido.

      • No es que quiera hacer un juicio de valor, pero es que la idea de la “otra” como la villana también me causa repelús y creo que es un mito a desmontar. Y por eso mismo el retrato de “la otra”, como mujer estafada, o al menos, eso es lo que me ha hecho sentir este texto, también me causa urticaria. Es una situación fea. Pero claro, todo siempre tiene un contexto que lo justifica, o lo hace posible. No obstante, a veces una se encuentra tan atrapada en lo que se llama comúnmente las circunstancias, que nunca está de más rebelarse.

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