Las respuestas b y c son correctas.

Examen de psicología.

Quiero que os sentéis en tres filas. Dejad tres asientos entre cada persona.

Voy a repartir el examen. No podéis dar la vuelta hasta que yo diga YA.

¡Ya podéis dar la vuelta!

Parecía que yo era la única sorprendida de la clase.

Y la sorpresa se hizo todavía más intensa cuándo leí las preguntas del examen, de dos tipos: test y algo así como fill in the blanks.

Las preguntas tipo test eran verdaderamente meritorias, ya que hacían gala de creatividad, juegos de palabras y una elaborada estrategia multirespuesta. Respuestas que sólo se distinguían en la manera de “deletrear” la palabra técnica , o que se diferenciaban en una mera preposición. Todo eso salpicado de frases como “ninguna de ellas es correcta” , “todas son ciertas” , etc.  Las preguntas tipo fill in the blanks consistían en rellenar con la palabra concreta -nada de parafrasear- que faltaba en ciertas definiciones.

Ya no me acordaba del sistema. Desde hace un tiempo, de haberlos, los exámenes a los que me solía enfrentar intentaban evaluar la capacidad del alumno no sólo para haber aprendido los contenidos del curso, sino de saber exponerlos. Eran otro nivel de exigencia, no se trataba tanto de la cantidad o la perfección con la que habías aprendido el impacto socioeconómico de las guerras del opio, sino más bien que expusieras de qué manera esta nueva información te ha ayudado a entender la modernidad china desde un nuevo punto de vista, por poner un ejemplo. La distribución de los alumnos para realizar el examen es algo que ni se plantea. Creo que ni siquiera se concibe como una potencial tentación al fraude. No sólo los alumnos se rozan los codos al estar sentados, sino que el profesor suele abandonar el aula: le pagan esas horas y ha de ser productivo, por eso va a su despacho a acabar de revisar su próximo artículo de investigación para una prestigiosa publicación. Por supuesto ningún alumno levanta siquiera la mirada o hace algún movimiento mínimamente sospechoso. Bueno, miento. Siempre hay un alumno europeo en el aula que en ese instante te mira con cara de “¿cómo es que nadie intenta copiar?”

Contado así parece una sociedad utópica, que ama el conocimiento por sí mismo, y en la que la docencia es vocación intrínseca y desinteresada. Claro que nos olvidamos de la módica cantidad que pagan los alumnos por curso escolar y que excede con creces los 4 ceros.

De todas formas, una de cal y otra de arena. Porque lo que no me había pasado estos dos años y que sí me ha pasado en una de las aulas recónditas de la universidad de Vigo, es que se me saliera una lágrima emocionada al escuchar hablar al profesor. De salir del aula con la sensación de que te han cambiado la vida.

 

Un pensamiento en “Las respuestas b y c son correctas.

  1. Algo de bo han de tenir les classes d’aquí! I si et toquen el cor encara millor. Jo que sempre em queixo de la gent o els trens que arriben tard, després ho trobo a faltar i fins i tot sento anyorança! Avui mateix a la feina un seminari havia de començar a les 11, eren les 11:06 i l’speaker japonès preguntava si havíem d’esperar més al director o què. He notat que tots els assitents autòctons rebíem aquella pregunta amb indiferència, com dient “no té importància, ja començarem quan sigui”. En tenim un altre a les 15:30, a veure si comença puntual i puc anar al gimnàs a les 5!

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