a las 0.00

Era mejor que te fueras antes de que mis virtudes se convirtiesen en defectos. O las tuyas. Antes de tener que renunciar a los placeres mundanos como llevarme el portátil al baño, o dejar la taza del desayuno a medio beber sin fregar. Tendrías que haberte ido incluso antes, antes de que te preocupase dónde y cómo caía tu camisa favorita cuando te desnudaba, y te diese tiempo a estirarla sobre el sofá entre besos. Antes de identificar nombres propios con los miembros de mi familia. Antes incluso de tener que disimular cuando me descubrías alguna mentira. Te empeñaste en esos cinco minutos más, y me dio tiempo a reinventarte. Ahora no sé que hacer con ese paquete de tus cereales favoritos a medio comer, los detesto porque a mí la leche me gusta caliente y se quedan blandos enseguida. Y la lavadora, que no consigo juntar la ropa suficiente para ponerla. Ahora ya, que hasta tenías un cepillo de dientes y un estante en el baño, para eso, boh, podrías haberte quedado.

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