Descuento para pensionistas

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Se despierta antes de las siete, como de costumbre, y hace recuento de sus preocupaciones. Algunos aspectos de su salud, el hecho de estar indefinidamente alojada en casa de sus padres en el rural, su situación de parada, su insatisfacción sentimental. Todas estas se ven agravadas por una: hoy es su cumpleaños. A todos sus problemas añade entonces “con 29 años” sin necesidad siquiera de poner una coma. Recuerda que su psiquiatra, un hombre al que respeta y admira, le recomendó una novela. “Ese año fue Irina la que le recordó a Lawrence que se acercaba el cumpleaños de Ramsey, y él quien dio largas al asunto. Estaba terriblemente ocupado. ¿Tenían que salir con Ramsey Acton todos los seis de julio hasta el final de los tiempos sólo porque una vez coincidieron?” (Shriver 2009, 467). Qué casualidad. Faltaba un día para el 6 de julio. Cerró el libro y lo dejó debajo de la lámpara de noche, justo la posición perfecta para que quede bien lucido en su próximo #bookstagram. No lo iba a leer de momento. Obedecer le daba un pereza terrible. Se levanta y elige no desayunar: de alguna manera tiene que castigarse. No quiere  levantar la manzana blanca, porque sabe que las felicitaciones serán las protagonistas del spam. Va directamente al baño y se planta delante del espejo. Cuanto antes acabemos con esto, mejor. Como es tradición en su aniversario realiza un ejercicio. Lo prepara con tanta antelación que carece de sentido que lo repita cada vez en ese día designado. “Si un actor joven, en un papel de anciano, se concentra en captar y manejar las fases componentes de los movimientos más amplios y difíciles, si empieza a actuar consciente, honesta y lógicamente, sin exageraciones, manteniéndose dentro de las fronteras del personaje, de la obra, de las “circunstancias dadas” que rodean a un anciano, entonces conseguirá situarse en circunstancias análogas, asimilará los rasgos externos, el ritmo y los movimientos de un viejo, todo lo cual es parte esencial y preponderante desde luego de una reproducción tal en la escena”(Stanislavski 1975, 71). Y es que el ejercicio mucho tiene que ver con la vejez. Se dispone frente al espejo y piensa en cómo se proyectaba a esta edad cuándo era niña. Compara esa imagen ficticia con la que tiene delante: las diferencias son tan abismales que parece imposible que exista algún tipo de parentesco entre ellas. Lo más parajódico de la ecuación es que la figura fruto de la imaginación de una niña de siete años era el resultado más previsible y esperado. Sin embargo, los resultados empíricos han ido contra toda lógica, contra todo lo prometido. Todo sacrificio tiene su recompensa. Pues ella todavía la estaba esperando, y se le estaba acabando el tiempo. “Me imagino que algunos lectores estarán diciendo: ¿Por qué criticas a los Estados Unidos, Marlon? ¡A ti te ha ido bastante bien! Bien, los Estados Unidos han sido buenos conmigo, pero no me han regalado nada; en realidad me he ganado lo que tengo con el sudor de mi frente y gracias a la capacidad para inventar y sustentarme a mí mismo” (Brando 1994, 454). De sustentarse todavía sabía muy poco, tal y como le recordaban con frecuencia algunos conocidos en el pueblo. Los ejercicios del pedagogo teatral, que aún practica en la intimidad con nostalgia, le hacen pensar en cómo sería la vida de su actor favorito. Qué habría hecho tan bien. Entonces recordó aquella vez en la que la comparación entre las dos imágenes era casi un 100% de pura coincidencia. “Se sueña con Nueva York antes y después de visitarla. Y siempre se regresa, incluso tras haber deseado huir, después de haber jurado no volver jamás, y de conocer -y padecer- su capacidad de exceso y desolación” (Ferri 2010, 29). Por aquel entonces se pasaba el día haciendo investigación. Escribiendo sus impresiones. Absorbiendo todo lo que las personas que le rodeaban no dejaban de regalar. Madrugaba y trasnochaba, viviendo con cuatro o cinco horas de sueño. Se eternizaba en los estantes vestidos con interminables tomos de todas las edades. Deliraba en aquellos espectáculos que raramente se podía permitir. Vivía en el desorden, y con la nieve fangosa hasta las rodillas. La escuchaban, la leían y creían que tenía algo que decir. Y ella se quejaba, se quejaba mucho. Se convencía de que añoraba. Y también huyó.  Como huirías tú o como huiría yo si, de repente, un personaje salido de nuestra fantasía (por muy hermosa que fuera),se hiciese realidad.

 

TEXTOS CITADOS
Brando, Marlon (1994). Las canciones que mi madre me enseñó. Barcelona:Anagrama.
Ferri, LLibert (2010). Introducción en ALTAIR. Noviembre y Diciembre de 2010 (Nº68) pp. 29-32.
Shriver, Lionel (2009). El mundo después del cumpleaños. Barcelona:Anagrama.
Stanislavski, Constantin (1975).La construcción del personaje.Madrid: Alianza Editorial.
Ferri, LLibert (2010). Introducción en ALTAIR. Noviembre y Diciembre de 2010 (Nº68) pp. 29-32.
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El ejercicio de esta semana consistía en enlazar de 3 a 5 fragmentos de distintas obras con una preocupación personal, o deseo, o sueño, o idea. Este ejercicio es además el primero que Jen de Quiero ser como Maude y yo posteamos como parte del “colectivo” Detroit. De momento, somos un dúo. Pero invitamos a todo aquel que quiera probar a hacer el ejercicio, que lo haga, y luego lo comparta en sus espacios. Se agradecerá que nos enlace y que nos avise de que lo ha hecho, para que podamos disfrutarlo.
No te pierdas el ejercicio de Jen en Quiero ser como Maude

5 pensamientos en “Descuento para pensionistas

  1. Tengo que confesar que tras la larga jornada laboral, me veo incapacitada para copiar tu genialidad de comentario en mi entrada. No tengo más fragmentos😦
    Creo que lo que más me ha gustado de este ejercicio es conocer cosas de ti que no sabía. Así que es todo lo personal que se puede lograr, si eso tiene algún sentido. Pero me parece que la información sobre tu ejercicio teatral nunca había sido de dominio público -al menos, de público que yo conozca-, por lo tanto, bravo. Quiero más detalles. Idealmente con cañita de por medio.
    También me parece curioso que hayas tenido tan claro que eran fragmentos insertados, y no empezar con uno. Como era uno de los ejercicios que propuse, solamente tenía en mente cómo lo he hecho yo. Empezar seguro con un fragmento. Cómo voy a disfrutar de Detroit🙂 Ahora no sólo me va emocionar leer lo escrito, sino las expectativas de la forma, a ver cómo lo interpretas, qué elementos eliges… Es un poco porno para escritoras, ¿verdad?
    Coincido en algunos “y con 29 años”, y añádele unos cuantos meses más, no te creas; lo que pasa que a veces soy una apisonadora hasta conmigo misma, y no me dejo espacio para ciertas lamentaciones. ¿Qué hacemos tú y yo sin aventuras amorosas? ¿De qué vamos a escribir en ese terreno, por favor? Una ristra de pretendientes tendrían que estar esperando en la puerta para que los pudiéramos convertir en ficción.
    Y gracias a ti.

  2. Pingback: La postulante de Detroit se rebela… | Pluma, espada y varita

  3. Pingback: Accidente | Billete de Cercanías

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