Carta de un conocido

Querida Adriana:

Ya han pasado 6 años desde la primera vez que me preguntaste por qué no. He intentado explicártelo de mil maneras, pero tienes esa tendencia, tan valiosa para otras cosas, de levantarte siempre, refutar lo que tú llamas hipótesis, e intentarlo con un poco más de cabezonería.

No seamos hipócritas. Al principio,  estaba esa cuestión del aspecto. Lo has llevado demasiado lejos. No puedes siquiera acusarme de superficial, porque ya te he demostrado que no es suficiente. Son demasiadas cosas. Hay ciertos ámbitos que nunca podremos compartir, cosas que desconoces, conversaciones que no me puedes seguir. Es una capacidad de análisis tuya que deja mucho que desear, por no hablar de la de síntesis. Ya lo sabes. Y no es que eso esté mal, no se trata de que no tengas remedio, quizás en este mundo haya alguien capaz de soportarlo. Vamos, estoy convencido de que sí. Simplemente yo no puedo. Ya sabes que la capacidad intelectual es algo sumamente importante para elegir a las personas que me rodean.

Luego está la cuestión de la personalidad,de incompatibilidad en apariencia del 60% pero en realidad del 91%. No puedo vivir al lado de alguien con ese derrotismo laboral, esa ensoñación de una vida académica que dista mucho de la realidad. Yo necesito una persona con valía, con aspiraciones reales y palpables y, sobre todo, con la capacidad y habilidad para alcanzarlas. A mi lado quiero alguien a quien pueda admirar y respetar.

Tienes que dejar de sumirte en lo que tú consideras tus talentos. Te empeñas tanto que al final te crees ciertas virtudes que sólo contribuyen de soberana manera a obstaculizar tu aprendizaje, a avanzar y crecer. Tienes que dejar de convencerte y en su lugar has de asumir tus limitaciones. Todos las tenemos. Algunos en lo profesional y otros en lo personal. No puedes vivir creyendo que vas a lograr esas metas, porque acabarás siendo muy infeliz.

Con esto trato de decirte que erraste al rechazar mi oferta. Las cosas en este mundo no funcionan como en tu cabeza, donde reina el “todo o nada”. Te ofrecí un contrato parcial, una especie de beca solidaria, si así quieres llamarla. Becaria es un puesto temporal para algunos, pero también permanente para muchos. Igual a ti te ha tocado esa parte.

Por mucho que te empeñes en evitar la palabra amor, ese concepto que tú tienes del mismo está completamente adulterado. Esa ética moral por la que tanto te gusta abogar pero a la que eres totalmente desleal no gobierna en el entorno que te rodea.

No te has sabido conformar con lo que te ofrecía y te equivocas. Estás acostumbrada a funcionar en ese tipo de sistema en el que el esfuerzo se ve recompensado, en el que el duro entrenamiento es vía directa al logro. Por muchas horas que le dediques, no hay preparación física y mental que te pueda convertir en alguien a quien yo pueda querer. Te aprecié, pero no te bastó.

Se despide,

 

 

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