ColectivoDetroit: siempre tan fría

De vez en cuando llega alguien que intenta devolverme la fe en el ser humano, o que piensa que soy nueva en esto. Colocan un surtido de champús, geles de baño, acondicionador y algún que otro aceite, todos por estricto orden de altura, perfectamente tapados y sin salpicaduras. También ponen un bote de sales de baño en alguna parte y un par de velas que saben que jamás encenderán. A algunos incluso les acompaña su madre el primer día, les llenan el congelador de croquetas caseras y porciones de lasaña, que después veré medio digeridas y trituradas con jugos gástricos ensuciando el desagüe. Pero no me engañan: llevo mucho tiempo en este oficio. Sé absolutamente todo lo que esconden las personas, hasta lo más íntimo. Sobre todo lo más íntimo. Lamentablemente y sin excepción todo se reduce  la más absoluta asquerosidad y repugnancia. No importa el sexo, la edad y, por mucho que pueda sorprender, tampoco el número de cifras en su cuenta corriente. He convivido con ellos tantos años: vienen y siempre se desnudan total o parcialmente (incluso los invitados, esos que no pueden evitar cotillear y abren puertas y cajones y huelen botes del estante). Algunos ensayan frente al espejo, otros consumen substancias, algunos fallidos intentos de suicidio. Los ves agachados llorando en la bañera, o observando sus deposiciones como si de grandes logros se tratasen. Confabulando contra su propio cuerpo y planeando infligirse crímenes sobre sí mismos para poder quererse más. Me sorprende que algunos se pregunten cómo me he vuelto tan fría. Lo cierto es que también me vuelvo muy resbaladiza con la humedad, y eso a ellos le encanta. A ellas también. Me lo demuestran con bastante frecuencia. A veces también me pregunto si mi personalidad porosa, tan bien disimulada bajo ese barniz, es un defecto o una virtud. El caso es que me he quedado manchada de por vida con memorias imposibles de olvidar. Los polvos bronceadores tratando de esconder un desengaño, el barro en las almohadillas negras de las patas del chucho, el dentífrico mentolado y pastoso, el sudor de la toalla. Qué va, no hay lejía que borre cualquiera de esos recuerdos, por mucho que se empeñe la pobre Luciana, martes y viernes.

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Esta semana os proponemos crear una personificación. En otras palabras, dar voz a algo que no la tenga o sea ininteligible. Podéis elegir un espacio, lugar, objeto, animal: el Corte Inglés, los calcetines de tu ex, el periquito del vecino. Y ya está, no tenemos más condicionantes. En mi texto, habla una baldosa de baño.
Requisitos:
– Narrado en primera persona
– Que el texto no sea la voz / pensamiento de un ser humano.
Ya sabéis de sobra las instrucciones para participar
1. Leer el “enunciado” del ejercicio.
2.Interpretar el “enunciado” del ejercicio libremente
3. Escribir lo que te sugiera
4. Publícalo en tu espacio
5. Cuéntanoslo para que podamos enlazarte tanto en los comentarios como por las redes sociales.
6. No olvides usar el hashtag #ColectivoDetroit, y disfrutar la participación al máximo.
Lo más importante es que te pases sin falta por Quiero ser como Maude y leas la propuesta de Jen.
No olvidéis que podéis escribirnos a colectivodetroit@gmail.com con dudas, propuestas, historias…
Un abrazo y ¡hasta la próxima!

2 pensamientos en “ColectivoDetroit: siempre tan fría

  1. Aquí me llaman “rachola”. Una vez me pusieron una mano encima en un momento de forcejeo sensual y corto. Esa palma bruta, que me despertó del perpetuo insomnio. Durante uno segundos fui ese cuerpo en éxtasis. Siempre me agarro a aquel recuerdo, sobre todo ahora que los oigo discutir sin parar. Sé que uno se marchará dentro de poco tiempo. Vendrán otros, ¿verdad? Es inevitable. Quizá se marchen los dos. Y no pienses que se van a despedir de mí, que con tanta paciencia he aguantado sus malos olores, y silenciosa he observado tantas lágrimas. Por respeto, no puedo comentar nada más sobre esto. Los quiero, esa es la verdad. No tengo favoritos. Cuando eran felices, los dos eran uno y eran perfectos. Pero esa mejor versión de ambos ha durado poco. A quién le puede importar lo que yo opine, cuando intervienen todos los otros factores del mundo moderno: el poco dinero que entra en casa, la frustraciones de los negocios fallidos; cómo se agarraba el otro día las partes blandas de su cuerpo ante el espejo. Las partes tan deseadas una vez, y ya no se acuerdan. Tengo mejor memoria yo, una triste “rachola”. Nos falta toda la parte de la historia que no se da fuera del baño, y aun así, creo que tenemos una sabiduría mayor, ¿verdad? Nos fijamos en las cosas verdaderamente esenciales. Un abrazo, amiga.

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