Colectivo Detroit:writer igniter

 

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Se subía cada mañana en Vista alegre, cambiaba de línea en Pacífico y se bajaba en Atocha. Llevaba el uniforme de casa y no con poca frecuencia despertaba alguna mirada de aquellos que aprovechaban los últimos minutos de sueño durante el trayecto. El chico con los cascos por encima de la gorra se burlaba con el de las pestañas tan largas. Una tía segurata mhm.. hha… esconde el canuto no vaya a ser que te las tengas que ver con sus… hahaha. Como Alfredo se había llevado a la gata, de camino al trabajo le llevaba un puñado del pienso sobrante a los gatitos que dormían en el sótano del edificio abandonado. Hoy estáis de suerte, os traigo mi receta secreta. Ya maullaban cuándo la olían acercarse. Y es que los días en los que al servirse el café con leche notaba que estaba a punto de acabarse, les vaciaba el brick de la asturiana sobre el pienso. Así está más jugoso. En el museo jamás había pasado del hall. Llevaba esperando que la ascendieran a un puesto de seguridad en sala, pero no, llevaba toda su vida en la salida: devolviendo las mochilas, bolsos y objetos “censurados”. Sin embargo, cualquiera podría pensar que pasaba todas sus horas libres paseando por los pasillos, escudriñando cada una de las obras en exposición. Si no, cómo iba a ser capaz de entablar esas conversaciones con las visitas al despedirse. ¿Qué le ha parecido Los fumadores? ¿ Increíble verdad? Esa fusión de los elementos geométricos con líneas sinuosas y ahumadas …. es un oxímoron pictórico. Julia no había visto nunca las obras de Masson, ni las de Picasso, pero tampoco tenía la necesidad. Él se las había descrito a la perfección. No quería que la realidad destrozase la imagen que había creado gracias a su voz. Esa voz que había ayudado a llenar la marcha de Alfredo, y de la gata. Al acabar la jornada abría el paraguas y volvía por el mismo sitio. Comprobaba que se lo hubiesen comido todo. Ahora ya no la saludaban. Se subía en Atocha, se cambiaba en Pacífico para bajarse finalmente en Vista alegre.

Abría un nuevo cartón de leche, mojaba el pan duro e improvisaba unas torrijas, aunque no le quedaban huevos. Se metía todavía con un poco de hambre en la cama. Cuánto lo había echado de menos.  Ajustaba las almohadillas en sus orejas. Pulsaba directamente el número 209, y su voz grave empezaba a narrar: Les fumeurs: En las composiciones que André Masson realiza entre 1923 y 1924, los personajes que beben, comen, apuestan o juegan están relacionados con el mundo de la magia …

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